jueves, 3 de abril de 2014

Una última carta...

Siempre significaste mucho para mí ¿Sabes?

Siempre creíste que cuando hablaba de que me habías salvado la vida bromeaba, creías que exageraba o que lo decía por conveniencia o fuera de mí... pero es verdad, me rescataste de las garras de la muerte 2 veces, una del cáncer, la otra de la depresión... a ti te debo al menos un par de ocasiones mi vida, te debo el estar hoy aquí...

Lo fuiste todo en su momento: fuiste mi amigo, mi mejor amigo, fuiste mi amor y el motor de mi vida, fuiste el sueño inalcanzable y el tocar el cielo con las manos, fuiste el dolor más grande, las lágrimas más amargas, las noches en vela, el abrazo que me acunó tiernamente, una toalla tibia al salir de bañar, una almohada empapada, un te amo en el estallido de un orgasmo y el suspiro antes de dormir... fuiste literalmente todo... y hoy ha llegado el tiempo de decir adiós...

No es el final que hubiéramos querido... tampoco el que imaginamos... pero supongo que es el que ambos sabíamos que llegaría, justo de la manera en que se dió, aunque quizás no en el momento... pero dicen que nada llega antes de tiempo y que las cosas han de ser así.

Te marchas y me dejas incertidumbres y certezas... la incertidumbre de lo que fue y no volverá a ser, pero la certeza de que fui algo grande y hermoso en tu vida. Sé que te cambié y, por lo que tú dijiste, sé que fue para bien. Se que obré en ti cosas hermosas, que con una caricia pude sanar, aunque fuera momentáneamente, algunas heridas... sé que pude coserte el corazón con algunos girones de mis ternezas... sé que pude darte agua fresca y limpia que manó de la fuente de mi corazón y de tus anhelos.... y hay cosas que no sabes que te di, pero que igual te las di también...

Te di mi inocencia de niña, porque eso era cuando tú me conociste, te di mis sueños y deseos, el recuerdo infantil celosamente guardado en una caja de música con una bailarina de cristal, te di mi primer pensamiento de la mañana y mi última oración antes de dormir durante 12 años... te entregué mi alma, mi amor, mi devoción, mis cuidados amorosos aún cuando te mostrabas distante o indiferente... aún al paso de los años nunca me fui de ti. Siempre algún recuerdo aparecía, te me figurabas en alguna silueta por la calle, te escuchaba en conversaciones con otros o te veía en la sonrisa de alguien más... y quizás también en el eco de la tarde, en un cielo pintado de carmín o en la ventana que mira hacia el mar.

Y tú también me entregaste tanto... me diste lágrimas sinceras, cobijo en tu regazo, me diste tardes de risas interminables, me diste un par de oídos que me hacían tanta falta, actos desinteresados de bondad... supiste limpiarte la sangre de los labios para besarme con pureza, acariciaste mi alma, me diste algo que nunca antes tuve: esperanza y fe, yo ya existía... pero me diste mi ser, porque si de un modo u otro soy así es gracias a ti...

Y me diste también el milagro de la vida... aunque nunca lo supiste y aunque nunca llegó a mis brazos por azares de un destino que aún no entiendo, sé que hubo ese chispazo y ese amor hecho vida de por medio, fue una ilusión que me duró a penas un par de meses y después se esfumó como ahora tú te vas.

No me arrepiento, nunca, de nada, no de un minuto pasado contigo, ni de las llamadas, de los mensajes, los recuerdos, las palabras, las cartas, los regalos... nada, nada de lo que te dije ni de lo que callé ! Lo que hice o dejé de hacer, pues tengo la certeza que todo lo hice conforme al momento, a lo que sentí, deseé y creí que era mejor para ambos...

Lo mejor, qué concepto más abstracto ¿No? ¿Quién podría decir que decirnos adiós es lo mejor? Y en todo caso ¿Para quién lo es? ¿Para ti? ¿Para mí? ¿Para ella? ¿Para él? ¿Para todos? El hecho es que sea lo mejor o no, así lo hemos decidido y ahora no hay vuelta atrás.

Alguna vez me dijiste que llegaría el momento donde volverías a irte y donde yo no querría más abrirte la puerta, donde no querría curar más tus heridas, limpiar tu pelaje, soportar tus tarascadas... y llegaría el momento también donde te hartarías de mis palazos, de mis regaños y de esa cansina libertad que siempre te otorgué, siempre con la puerta abierta, a la espera de alguien más aunque era de tu conocimiento.

Nos vestimos de otras pieles, de otras sangres, de otros aromas y otros alientos, paladeamos chocolate de otras bocas y fuimos presas de otros arrebatos... pero siempre caminamos a la vera del camino y hoy tenemos que separarnos, hoy entiendo que he de cerrar mi puerta no porque quiera hacerlo... sino porque es debido... sólo puedo decirte unas últimas palabras : Adiós y gracias... porque siempre estarás en mí...

Tu Cachorra...