miércoles, 19 de enero de 2011

Buenas tardes, mi nombre es Paus y soy adicta al internet

Pues sí, he de confesarlo, a últimas fechas, mi vicio más mortal es el internet, ya sea desde mi computadora de escritorio, desde mi teléfono en el consultorio, o por la noche en la comodidad y conchudez de mi cuarto instalada en la lap, firefox se ha vuelto mi mejor amigo y las redes sociales mis compañeros.

Pero de dónde? Y digo bien, de dónde surge esa necesidad de entrar y conectarse a una red global, llena de conocimiento, desconocimiento, desinformación, gente, chistes y cantidad de babosadas?

Investigando un poco en mis libros (Mentira, si hay algo que no se me da en ésta vida es la investigación), y remitiéndome al conocimiento popular, me di cuenta de que el ser humano no solamente es un ser social, sino que, además, es exhibicionista, oh sí, bendito ser humano que idolatra la histrionicidad de su especie y no sólo eso, sino que también, la disfruta. Siendo así, no era de extrañarse que, al tener la oportunidad de exhibirse ante tan numeroso público, el género humano se lanzó a conquistar la gloria, la fama y el éxito a través del anonimato de la internet. ¡Qué paradoja! ¿No? El pánico escénico se apodera de las personas y buscan vivir y saborear las delicias del poder (Porque una persona que te siga o te lea se traduce en poder) a través de sus letras, fotos, las narraciones de sus travesías y chocoaventuras sexuales en vez de lanzarse de cara y directo a ser quienes quieren ser en realidad.

Ha ya tiempo, conocí a alguien que era, lo que se puede llamar, un geek, un ratón de laboratorio, de biblioteca, fijado en star wars y cosillas así, un día, de buenas a primeras, descubrí su blog y bueno... obsto decir que era una persona completamente distinta, con ánimos de seductor y promotor de las francachelas más alocadas, decidí ir a una de ellas y, al encontrarnos de frente, su actitud cambió por completo "Tú no entiendes -me dijo- la gente espera que yo sea un maldito cerebrito, cuando lo único que quiero es no serlo... me gusta que me digan que soy inteligente y eso... pero aquí puedo dejar de serlo sin que la gente me falte al respeto"

¿QUÉEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE?

O sea, en pocas palabras, todo se resume al "Guardar las apariencias" y, más allá de eso, al no perder la zona de comfort en la que las personas se encuentran instaladas.

Bueno ¿Y qué jodidos tiene ésto que ver con tu adicción al internet? Se preguntarán. Como ya lo dice mi presentación, soy psicoanalista, una de esas personitas esquizoides que se sientan a escuchar y escuchar y escuchar... en promedio, hablamos un 80% menos que nuestros pacientes, y sin embargo tenemos taaaaaaaaaaaaanto que decir... y nos vemos limitados porque no le decimos a una persona qué hacer, la escuchamos en lo que quiere... aplicamos al pie de la letra eso de "2 orejas para escuchar, una boca para hablar, escucha el doble de lo que vayas a decir", a veces hasta más; como dijera el Tlacuache "Y no me quejo", es sólo que a veces es complicado.

Mi consultorio, localizado enmedio de dos zonas comerciales conocidas por económicas, variadas y poseedoras de un extenso surtido de piratería, se encuentra lleno de cantidad de comerciantes de éstos locales, por lo cual, podrán imaginarse cuán incómodo me resultaría encontrarme a un paciente mientras compro piratería, intento encontrar un adorno decente enmedio de cantidad de chunches baratas o regateo el precio de algo porque, a últimas fechas, ya no soy tan buena amiga de Hidalgo (el peloncito de los billetes de mil) como antes. Siendo así, he limitado algunas de mis salidas a dichos lugares.

Es difícil que, cuando te consideran una figura que debe representar cordura, puedas comportarte de una manera pueril por mera espontaneidad, comportarte agresivo con cantidad de justificaciones o simplemente encontrarte en un estado emocional poco adecuado. Recuerdo una ocasión en particular en la que acudí a una boda, como amante del baile, en esa ocasión hasta dejé los zapatos y me fui hasta que nos corrieron con escoba, serían alrededor de las 3 y media o 4 de la mañana; bailé y me divertí como loca, al lunes siguiente, llegó uno de mis pacientes y me dice así tan campechano "¡Ay doctora, ya la vi que es bien fiestera! No si en la boda andaba como trompo ¿No anda cansada? Porque cuando yo me fui usted todavía andaba bailando con Fulanito, se ve que es de carrera larga". Claro que mi quijada se fue hasta el piso y le pregunté de qué hablaba, resultó ser que él también era un invitado a dicha celebración y nunca nadie me había advertido de tal asunto. Si bien, lo tomamos como un evento X, y mi paciente no dijo nada malo, pueden imaginar cómo me consumía la pena, pero sobre todo la incertidumbre de pensar que había perdido mi figura de autoridad (que mucho me había costado ganarme siendo casi 20 años menor que mi paciente), había dejado de ser "La doctora" (Que me choca que me digan doctora, pero eso ya será materia de otra entrada) para volver a ser lo que soy: Una chava con ganas de fiesta, de desmadre y que, efectivamente, es de carrera larga. Después de unas cuantas sesiones, mi paciente dejó de ir a consulta, todavía no tengo bien claro si fue por su propio deseo de no cambiar, o por mi contratransferencia tan negativa luego del desafortunado encuentro.

Como psicoanalista es difícil expresarse con una terminología que permita la vulgaridad, la picardía y o simple y llanamente el humor absurdo y ramplón de cualquier persona. Nos están vedadas muchas de las emociones tan hermosas del ser humano como pueden ser la ira, la depresión, el reirse de lo absurdo o ese guiño de comportamiento infantil... Creo que por ello he encontrado en el internet un pequeño refugio, donde puedo gritar, reclamar, escribir con faltas de ortografía o poner caricaturas, chistes e imágenes que me gusten sin sentir culpa por nada más.

Sí.. tal vez ese sea el motivo, incluso, para la creación de éste espacio... pero por lo pronto buenas tardes, soy Paus... y soy adicta al internet

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