viernes, 25 de febrero de 2011

Habilidades para ser terapeuta de las que nunca nadie te habló pero que tendrás que adquirir



Ser Psicólogo no es trabajo fácil, claro, ninguno lo es, pero es aclaración para aquellos que creen que lo único que hacemos es sentarnos y preguntar “¿Y cómo se siente al respecto?”. Mucha gente se avienta a ésta carrera pensando que es cómoda y tranquila, pero, tenía que ser así: nos la pintan muy bonita en la universidad, de repente sí, nos hablan de los gajes del oficio pero todo pasa a segundo término por la parafernalia que nos implica el deseo de ver pacientes. 

Pues bien, para todos aquellos que están por salir la carrera, o que ya salieron, o para los que no son ni psicólogos, psiquiatras o terapeutas pero que creen que lo nuestro es cosa de papas, les van un par de habilidades en las que ni siquiera habían pensado pero que, a final de cuentas, tendrán que estar ahí para ponerse a tu servicio:

1.- Gran habilidad para permanecer sentado, no importa si son las 3 de la tarde de un caluroso día de mayo, si tienes sueño, frío, hambre, enfado, hemorroides, dolor de piernas de cintura, de coxis, o si sientes que tu trasero ya ha olvidado los límites territoriales y perdió su surco divisorio característico, uno no da terapia de pie ni yendo de un lado a otro por el consultorio (a menos que trabajes con niños), siendo así, prepara a tu trasero para que no lo resienta, consíguete una silla extremadamente cómoda pero que pueda cuidar tanto tu espalda como tu cadera, créeme, a la larga, lo agradecerás.

2.- Extrema habilidad para masajearte la espalda y la cintura solo, rápida y eficazmente, entre paciente y paciente, esto será de vital importancia, dado que nuestro trabajo es mayormente sedentario, podemos tener una terrible tendencia a desarrollar pérdida de la densidad ósea, y problemas cardiacos por tener las piernas colgando casi todo el tiempo, por ello, ejercítalas a ellas y a tu cadera, cruza y descruza continuamente los pies (¿Qué? ¿Creíste que era un cliché?), da unas vueltas dentro del consultorio mientras llega tu siguiente paciente, sube las piernas al diván o al sillón o bien, ten un banquillo de apoyo para tenerlas estiradas un rato.

3.- Habilidad para que, mientras escuchas al paciente divagar, tu mente no se distraiga con una coca fría, un pajarito o el moco que le sale de la nariz (a tu paciente)
. Uno puede decir “¿Divagar yo? ¡No soy esa clase de maldito desinteresado! Nunca me distraería de lo que me está diciendo mi paciente” Sin embargo, después de ver 3 o 4 pacientes seguidos, tu mente ya no está tan despierta como debería y el discurso que escuchas comienza a parecerse al de la maestra de Charlie Brown (bla bla bla bla bla), para evitarlo, trae siempre pastillas, chicles o dulces en la bolsa, tose un poco y di que lo necesitas para refrescarte la garganta, mantener tu boca activa hará que tu mente se despierte un poco y puedas concentrarte mejor en lo que te están diciendo.

4.- Habilidad para que, si te pierdes en lo que dijo tu paciente, al retomar, puedas aparentar que ésto no sucedió, y además que estabas escuchando tan atentamente que misteriosamente pudiste ligarlo con lo que te dijo en los primeros 3 minutos que fueron los únicos durante los cuales pudiste poner atención. Sí, es horrible cuando pasa, y créeme, conforme pasa el día te pasará con mayor frecuencia; hace no mucho, tuve un par de meses con jornadas de 7 a 22 hrs con media horita para comer y podrán imaginarse cómo estaba mi pobre cabeza, cuando esto suceda, utiliza las preguntas de rebote típicas, te podrán ayudar a armar el caso nuevamente sin que se note mucho:
* ¿Cómo es esto?
* Me gustaría que ahondaras un poco más al respecto
*¿A ti qué te gustaría hacer al respecto?
*¿Y tú cómo lo vives?

Son preguntas ambiguas y abiertas, tanto, que el paciente se siente escuchado y te dan oportunidad a reestructurarte, anótalas, un día con otro las vas a necesitar.

5.- ¿Te preocupa tener habilidad para recordar personas e historias de todos y cada uno de tus pacientes? ¡Qué bah! Eso es sencillo, más bien preocúpate por adquirir habilidad para recordar qué demonios le dijiste al paciente la sesión pasada con respecto a sus personas e historia que hace coherente que haya cometido una burrada!  TIP: Si le dejas tarea (apelando a lo cognitivo) anótalo siempre en una hoja que tenga papel pasante, si no la dejas encomiéndate al santo de tu devoción, pero, las dejes o no las dejes: HAZ NOTAS, no seas bruto, una nota de evolución te puede sacar de muchísimas broncas, no solamente por si no te acuerdas del paciente, sino también si éste se llegara a meter en algún problema (generalmente legal) que requiera expediente clínico, así no tendrás que hacerlo un día antes de presentarte al juzgado a las 3 a.m. Las notas de evolución son una franca flojera, si uno batalla para hacerlas en la universidad, hacerlas en casa es peor, pero créeme, te sacarán de un buen apuro más de una vez.

6.- Habilidad para disimular tu ataque de pánico cuando tu paciente tiene un ataque de pánico (también válido para brote psicótico, micropsicótico o una franca ideación suicida). Nada nos atemoriza más que pensar en un paciente que está a punto de brincar de nuestra ventana, bueno, sí, un paciente que está a punto de estrellarnos la silla en la cabeza también puede ser bastante atemorizante, aprende, primero que todo, a identificar signos y síntomas generales para éstos 4 peligrosos momentos:

*Respiración agitada, superficial y ruidosa
*Agitación psicomotriz
*Sensación inminente de muerte (o de daño)
*Actitud de alucinado (o, vulgarmente, “como ido”): Aquí se valen preguntas como ¿Estás escuchando algo? ¿Estás viendo algo? ¿Estás oliendo algo? ¿Hay alguien más en ésta habitación?, si responde afirmativamente y eres psicólogo, no te quieras pasar de listo y medicar o creer que con psicoanálisis se va a quitar, amigo, una alucinación se trata con antipsicóticos y no tienes la formación médica para prescribirlos.
*Si el paciente tiene ideación suicida y/u homicida, pregunta si éste deseo proviene de querer salir de su situación, no ver más a una persona o no estar en el dilema que ahora está o si realmente quiere morirse o matar al otro, hay muchísima diferencia entre uno y otro.
*Si tu paciente está en pánico, pero es capaz de escuchar y seguir indicaciones, aplica ejercicios de relajación por medio de respiraciones o hipnosis, muchas veces, aplicar ésta técnica no sólo te salva el trasero en el momento sino que también tu paciente puede aplicarlo cuando esté en casa, por ello, ten siempre una grabadora y música suave a mano.

Si no estás seguro de cómo el paciente pueda reaccionar, suspende la sesión y llama a sus familiares (sea que vengan acompañándolo o no) recomiéndales un psiquiatra donde puedan ir de inmediato o, si crees que el paciente puede ponerse agitado (violento), que su control de impulsos es nulo o que puede representar un daño para sí mismo o para otros, indica internamiento, recuerda TU SEGURIDAD ES PRIMERO

7.-Habilidad para cortar a tu familia cuando te piden diagnóstico o para mantenerte a raya y no emitir opiniones diagnósticas por más tentador que parezc
a… creo que ésta no necesito explicarla ¿No? La familia no se toca chicos, no por bien de ellos sino de uno mismo

8.-Habilidad para cobrar dignamente por tu trabajo y penalizar las sesiones a los pacientes sin sentirte mal, ojete o que eres una chinche avarienta
. ¿Recuerdas a ese maestro de “técnicas de evaluación de la personalidad adulta” que te hizo llorar cuando expusiste? ¿Recuerdas las horas de madrugada leyendo a Klein, Hainz, Kohut y Lacán y que te sentías el más dumb del planeta porque no entendías ni papas? ¿Te acuerdas de ese trabajo que te desvelaste durante días para entregar para que el maestro te dijera “muchachos, se los recojo la próxima semana” o no viniera o, peor aún, te dijera que había decidido cambiar el tema? Pues bien, de eso y de las horas-nalga que pasaste en la universidad acuérdate cuando vayas a cobrar, porque eso es algo que a nadie nos enseñan. Si bien, uno no se puede dar el lujo de empezar cobrando 500 pesos por 45 minutos, también es cierto que conforme vayas tomando cursos, maestrías, doctorados, diplomados y etc. Tienes derecho a aumentar tu consulta, porque eso no es sino valorar tu trabajo, la gran mayoría de nosotros tenemos corazón de pollo y somos conscientes de la situación económica de las familias y, por ello, rebajamos nuestro trabajo y lo andamos dando en 50 pesos, 30 pesos, 10 pesos… si estuvieras en una zona marginal, te la voy, pero si no lo estás, no sólo tienes derecho, sino obligación de cobrar bien por tus honorarios, no es ser avaro, es dignificar tu profesión. Y con respecto a la penalización de las consultas, el mismo Sigmund Freud decía (no con esas palabras pero era la idea) “Si el paciente no tiene nada qué perder, si no le cuesta y no aporta, por lo menos, una cuota significativa, el interés que pueda poner en el tratamiento será nulo” recuerda que, si no le cobras, dejas de ser terapeuta y te conviertes en amigo, si algo estanca el tratamiento es la amistad, así que, valórate y cobra lo justo por tu trabajo.

9.- Habilidad para reconocer cuando no puedes tratar a un paciente: Ooohh sí… esa es una que duele sabroso, porque es un golpe directo a nuestro ego: reconocer que tienes límites y que ESE tipo de pacientes no sólo hacen estragos en ti, sino que tú también haces estragos con ellos porque no sabes tratarlos, porque te enganchas, porque te ponen de malas… por lo que tú quieras. El narcicismo de los terapeutas (y más cuando son –como yo- psicoanalistas –y peor aún: lacanianos-) es tremendo, terrible y, a veces, enceguecedor, yo en lo particular, tuve que aprender a reconocer frente a otros que tengo muy poca paciencia con pacientes con insight de muppet y que, definitivamente, los pederastas presionan tanto mis botones que durante toda la sesión sólo estoy pensando en dejármeles ir a golpes y matarlos lenta y dolorosamente. Sí… es duro reconocerlo, cada uno tiene uno o más tipos de pacientes que no podemos ayudar ni siquiera analizando nuestras contratransferencias, después de todo, somos humanos, reconocer nuestros límites no nos hace débiles, sino profesionales.

10.- Finalmente, hay mil habilidades más que uno debe aprender, pero siempre, la más importante es aprender a soltar…soltar los traumas que pueda generarte un paciente, soltar el coraje que te provoque una situación, soltar tu impotencia, soltar tus ínfulas de sabihondo, en otras palabras, no engancharte ni perder piso pues, ni siquiera contigo mismo, recuerda que nuestros pacientes son lo más importante, sobre todo cuando son los primeros, no sólo por el hecho de ser personas que vienen a ponerse en tus manos buscando ayuda, sino también, porque ellos son (aunque suene feo) nuestros conejillos de indias, que permiten hacer nuestros pininos y aprender de ellos y por ellos. La mayor habilidad del terapeuta no radica en su posibilidad para tratar amplia variedad de pacientes, sino en entender que, cada uno de ellos, no viene a que le enseñes, sino, a enseñarte, la humildad es una habilidad que pocos aprendemos a preservar y nos inflamos los humos por un par de años de experiencia o bien, de dárnosla de seres completamente humanos. Recuerda siempre: en el momento en que aprendas que cada paciente no es un reto, sino una persona, no es una enfermedad o un trastorno, sino un ser humano y que puedes ayudarlo, pero no es tu responsabilidad resolverle la vida, entonces, serás un buen terapeuta.

Chears my Dears

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