El siempre inconforme punto de vista de una lacaniana con ganas de charlar. Lléguenle a cotorrear, a criticar, echar desmadre, en fin, a divertirse, pásenle a lo barrido, mi blog es su blog
sábado, 24 de diciembre de 2011
lunes, 19 de diciembre de 2011
De la trascendencia
Abraham Maslow, en su libro "Motivación y Personalidad" habla sobre las necesidades del ser humano, iniciando por aquellas que requieren de atención corporal y finalizando con aquellas que se refieren más a la pneuma, como lo es, precisamente, la trascendencia.
Si nos remitimos al diccionario, Trascendencia se define como "Consecuencia o resultado de carácter grave o muy importante que tiene una cosa", más allá de lo "grave" creo que Maslow se refería, precisamente, a la importancia que vamos adquiriendo en determinadas personas a lo largo de nuestra vida.
Las primeras figuras trascendentes son, por excelencia, nuestros padres, oh sí, estén o no estén presentes. Esos objetos totémicos o primarios, conformarán en mucho nuestra futura personalidad, su importancia es vital para el desarrollo de una identidad y cohesión social; son nuestras primeras circunstancias de vida las que nos hacen relacionarnos con el mundo y las que nos forman una idea de qué es lo que nos espera en un futuro. A partir de nuestros padres modelamos nuestro comportamiento, nuestra manera de ser y, sobre todo, nuestras capacidades para salir avantes a los problemas.
Pero ¿Qué carajos tiene que ver todo ésto con la trascendencia? ¡Ah! Es ahí, mis pequeños pececillos, donde la trascendencia tiene su nodo y su inicio, verán: Nuestra importancia en la vida de otras personas está determinada en nuestra capacidad para influirlas, por mucho, nuestra seguridad no será la misma si somos hijos deseados, de una famlia estable y que fuimos acompañados durante toda nuestra vida por figuras reforzadoras positivas que si fuimos hijos no deseados, de familias conflictivas, divididas o padres solteros, o si nos consideran la peor aberración de la vida de alguien. En todo caso, la generalidad es que las circunstancias difíciles saquen lo mejor o lo peor de nosotros mismos.
Si hay una película con éste tema, que ame profundamente, esa es "Megamente": un villano condenado a ser villano porque su situación de vida así lo exigía y es, solamente cuando su precario equilibrio se pone en peligro, que sale de su zona de comfort y entonces comienza a vivir lo que realmente quería vivir y a ser como realmente quería ser. Me pregunto cuántos estamos esperando (o temiendo) esa patada en el trasero que nos haga reaccionar, un golpe de realidad que nos haga imposible volver a la campechana fantasía en la que vivimos y que nos haga decir "Necesito ser más de lo que soy, hacer más que lo que hago, ir más allá de lo que otros han ido".
Plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo son modos de hacerlo, bastante comunes, vulgares y corrientes por cierto, pero formas de trascendencia al fin y al cabo, sin embargo, habemos los que buscamos un poco más y creamos, buscamos nuevas soluciones a viejos problemas, innovamos en tratamientos o pensamos en cambiar paradigmas, no solamente haciendo castillos en el aire, sino comenzando con el propio ejemplo y tratando de arrastrar, en lo personal, trato de ser congruente entre lo que hago, lo que digo y lo que pienso, cuestión básica para facilitarse la vida; de nada me serviría criticar la corrupción si participo de ella, señalar el maltrato animal si soy negligente y consumo productos obtenidos con el sufrimiento de otras especies o señalar lo mal que está el mundo y lo agresivo que se ha vuelto si yo no estoy dispuesta a ser más amable, ceder el paso y dar los buenos días sólo porque sí. Pero bueno jaja, mis anécdotas personales no son de real (ni trascendente -ja- ) interés, de manera que vayamos al desarrollo del tema:
Siendo este asunto pues, tocante a toda ánima humana, nos es más sencillo entenderlo desde las 2 dimensiones del hombre:
Realización Vs Desesperación
Y
Éxito Vs Fracaso
Así, la trascendencia nos ofrece 4 posibilidades distintas para lograrla:
Trascender Realizado y exitoso
Trascender realizado pero fracasado
Trascender en la desesperación pero exitoso
Trascender en la desesperación y fracasado.
De todas, creo que la primera es la que todos buscamos, la última la que evitamos y las de en medio en la que se ubica el grueso de la población, analicemos ejemplos para dejar ésto claro
* Trascendencia realizada y exitosa: Se logra cuando, alcanzando nuestras metas, nuestras satisfacciones personales, sintiéndonos felices, orgullosos y completos con lo que hacemos, logramos un impacto profundo (aunque suene a película) y permanente en las personas, cambiamos formas de ser, de hablar, de ver las cosas, y, a través de ésto, logramos que nuestra visión sea difundida. Un excelente ejemplo de ésto podría ser Carlos Kazuga, director de Yakult México, quien, con una visión diferente sobre el trabajo y pasión por su país, ha logrado una empresa exitosa a nivel mundial que imparte una filosofía de responsabilidad y auto reconocimiento. (Por cierto, les recomiendo ampliamente sus conferencias, mismas que pueden encontrar en youtube)
* Trascendencia realizada pero fracasada: Primeramente habría que definir lo que es el fracaso, y creo que ésto no se refiere a las ganancias económicas sino a en qué porcentaje eres feliz con lo que haces, siendo así, éste tipo se puede definir como aquellas personas que logran un posicionamiento importante en el medio de mercado, en su vida personal o en lo social, pero son inmensamente infelices, un ejemplo (que no estoy segura del todo de que encaje bien porque tenemos de pormedio una enfermedad psiquiátrica como lo es el trastorno bipolar) podría ser Virginia Wolf, escritora exitosísima y un punto de referencia obligado para todos aquellos que se precien de conocer un poco de buena literatura, sin embargo, su vida no fue del todo feliz, y esas mismas circunstancias fueron las que la orillaron al suicidio. Trascendió, definitivamente, tanto en su vida como en su muerte, pero ello no significó, necesariamente, que ésto la hiciera feliz.
* Trascendencia en la desesperación pero exitosa: No siempre la trascendencia se alcanza con trabajo duro y taloneo, de vez en cuando también se necesitan de acciones rápidas, incluso de estrategias formuladas al vapor, y si bien su fama es igual de efímera que su planeamiento, las consecuencias pueden afectar a cantidades enormes de personas, tal es el caso de las estrategias de guerra, cuyos ataque son planeados con días e incluso horas de anticipación pero, si la estrategia es correcta, las consecuencias pueden derivar en cosas tan pequeñas como el apoderamiento de un fuerte o tan grandes como la liberación e independencia de un País.
*Trascendencia en la desesperación y fracasada: Así como algunos políticos famosos, hay quien pasa a la historia no pos sus contribuciones sino por sus metidas de pata, sus absurdos y su imbecilidad crónica. Éstos seres vagan por el mundo con una fama de la que pocos quisieran hacerse, volviéndose objeto de señalamiento, aborrecimiento o exclusión en el mundo, como símbolos de lo erróneo y con pocos seguidores fieles, mismos que son también señalados por el resto de la humanidad. Como ejemplo podríamos poner a Adolfo Hitler, cuya trascendencia fue tan terrible como para iniciar una guerra mundial, realizar un exterminio, hacer que los alemanes fueran señalados como desalmados, hacer que algunas ciudades adquirieran reputaciones que no quisieran (por ejemplo Auschwitz, que pasó de ser un tranquilo pueblo polaco a sinónimo de desesperanza y muerte), pero también de trascender tan poco que, si bien son muchas las células nazis que existen alrededor del planeta, su grupo no alcanza, ni siquiera, al 0.5% de la población mundial.
Habiendo entendido, pues los 4 tipos de trascendencia, podemos entender que ésta es parte vital e inherente del ser humano, y si bien existen condiciones mentales que, aparentemente, sofocan ésta necesidad, lo cierto es que tanto la depresión, la ansiedad, la ira, e incluso, la melancolía, tienen gran parte de su nodo en el problema de la intrascendencia: al no considerarnos importantes a los ojos de los demás, nuestra mente comienza a estructurar defensas o a socavar miedos, dependiendo de nuestras estrategias de confrontación y nuestra fuerza yóica, así, un self constituido pobremente, se verá en detrimento con pensamientos de minusvalía o sentimientos crónicos de abandono y vacío, mientras que un self poco estructurado se verterá en la ansiedad por falta de notoriedad y, posteriormente, en la ira.
¿Quiubo? El asunto no es “Enchílame ésta gorda” ¿Verdad?
Pues bien, existen diversos tipos de trascendencia: Laboral, existencial, personal, familiar, etc. Y se puede ser rotundamente exitoso en una y perfectamente fracasada en otra al mismo tiempo, en mi caso, por ejemplo, creo que la que más trabajo me ha costado es la trascendencia en las relaciones: Puedo jactarme tranquilamente de que en lo laboral y familiar, el impacto que he causado ha sido importante y tengo un peso vital en la gente que necesito tenerlo, sin embargo, el promedio de lo que una persona permanece en mi vida, luego de haber terminado una relación por espacio (es decir, salir de la escuela o de un trabajo) es 3 años; durante el primer año nos llamamos relativamente de manera frecuente, salimos 4 o 5 veces y nos la llevamos bien, posteriormente, las llamadas disminuyen en el segundo año, las salidas se limitan a una o dos y, al final, dejamos de salir, de llamarnos y el contacto se limita a facebook o twitter muy de vez en cuando... Así ha sido incluso con los que se llamaban y se decían mis mejores amigos, situación que para mí ha representado un reto, porque también cada vez que cambio de rumbos, de lugar o que sé que dejaré de frecuentar a una persona, me da miedo el volver a caer en la misma rutina.
Y debo confesar que, actualmente, ante una transición tan difícil como el abandonar un área donde conocí buenos amigos, gente maravillosa y alguien que me llene de primaveras los ojos, tengo miedo a no trascender más allá de esos 3 años. Sé que el hacerlo a nivel profesional no me costará (porque hasta ahora no me ha costado), pocas cosas se me atoran y soy una fuerte influencia en mis colegas, tampoco en lo laboral, y tengo tanta certeza del reconocimiento en un futuro que, sin siquiera esforzarme, ya ha habido premios, nombramientos y propuestas que lleguen a mis manos sin pedirlo (algunas incluso, sin desearlo), también ha habido decepciones, caídas y fracasos, pero todas han sido para enseñarme valiosas lecciones de trabajo duro, conocimiento y humildad
Quizás, la trascendencia a nivel personal es como el color naranja: No a todos les queda
Saliendo del paréntesis cultural y de mis 5 minutos de autoterapia, creo que, para el ser humano, la trascendencia en los distintos niveles mucho depende de los valores ulteriores de cada uno, de aquello que nos rige y lo que nos mueve a actuar, pero sobre todo de aquello que nos hayan formado interiormente que somos: Si somos gregarios, nos importará lo familiar, si somos sociales, lo social, si somos autodependientes lo laboral y así largamente etcétera.
A final de cuentas, la trascendencia es aquel máximo anhelo humano donde, nos es reconocido, que podremos ser tan solo un pequeño hilo en un tapete, pero que sin ese hilo, no habría podido hacerse el diseño, dar el color, el matiz, la forma, en fin no habría valido la pena poner a trabajar el telar.
El reconocimiento del otro es algo de lo que nos nutrimos, no sólo porque nos acaricia el ego, sino porque nos dicen “¡Hey! ¿Qué importa si te mueres mañana? Habrá alguien que te pueda recordar, porque yo estaré ahí para perpetuarte” Perpetuarnos en el tiempo, preservarnos indefinidamente, no sólo en la memoria de algunos hombres, sino en el colectivo de la humanidad, y eso, eso es de vital importancia porque es entonces que trascendemos y, así, el hombre alcanza su máximo sueño, su más caro anhelo o su peor pesadilla:
La inmortalidad.
Cheers and a Merry Christmass my dears!!!
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martes, 13 de diciembre de 2011
Con la piel en blanco...
Si hay algo que disfruto en ésta vida, es de bañarme..
Sí, sí, entrar en la regadera (o en la tina) y dejar que el agua moje mi cansado cuerpecito después de un ajetreado día de trabajo. No es un placer poco común, tampoco muy exótico, pero es algo que siempre tengo al alcance de mi mano y a dos pasos de mi cama.
Hace un par de días, me quedé sola en casa, era la noche perfecta: La luna en alto, el cielo despejado y estrellado, sin ruidos, preparé la tina, unas cuántas sales, flores, velas aromáticas y un buen libro... siempre he tenido la creencia que, para ser romántico, no hace falta con quién compartirlo.
La bañera es siempre un lugar donde los pensamientos vuelan... donde las imaginaciones se convierten en teorías, donde, en mis pensamientos, se realizan esos sueños de justicia que a veces parecen magros y estériles, es incluso, el lugar donde busco consuelo ante las distintas desilusiones y microtragedias de la vida diaria.
Pero también es, por encima de todas las cosas, el lugar donde entro en contacto con mi piel...
Dedicada a los placeres que me proporciona el conocimiento de la mente humana, pocos son los momentos en que mi cuerpo entra en contacto directo conmigo, sé que tengo una boca que me sirve y me complace, un par de oídos que son mi herramienta principal de trabajo y un cerebro que carbura todo aquello que necesita de ser analizado; pero poco es lo que convivo con el resto de mi humanidad.
De manera que en ésta ocasión dejé el libro de lado y me dediqué a sentir; a darle un momento a mi cuerpo para que me dijera qué era lo que necesitaba, entonces, me di cuenta de cantidad de cosas: Noté que mis pies estaban fríos y cansados, y que me reclamaban por usar tacones la mayor parte del día en vez de unos cómodos tennis. Noté que mis manos estaban tibias y suaves, y que se rehidrataban poco a poco mientras el jabón corría por ellas, me di cuenta que mi espalda había estado jorobada durante mucho tiempo y ahora tomaba un merecido descanso, no sin pelearme por mantener conscientemente, una buena postura y me di cuenta, también, de que mi piel, a pesar del frío imperante, se encontraba a gusto.
Desprendida de todo peso, me sumerjo en la bañera, pero permito que mi cuerpo flore lo suficiente como para evitar ser tocado por cualquiera de sus extremos, y así, suspendida entre la nada, entro en contacto con mi piel... esa parte tan cambiante, que igual tiene la sedosidad de los labios que la resequedad de los talones, la delicadeza de la intimidad que el aguante de las callosidades de las manos y la variedad de pigmentos de mis pecas y lunares, que la uniformidad del pecho y la espalda... todo en sincronía, en perfecta armonía... pero distintas partes todas entre sí.
Salgo de la tina, envuelta en una toalla suave y blanca, sin muchos reparos, me seco el cabello hasta dejarlo sedoso y sin una gota de agua.. me gusta cómo es: suave y sin un sólo nudo, rojo, no del rojo que quisiera y quizás hasta un tanto desteñido, pero así me gusta, al fin y al cabo. Me tumbo en la cama durante un momento y entonces me percato de algo fascinante: Mi piel, tan llena de contrastes hasta hace unos momentos, se ha uniformado al tacto...
Toco mi rostro y siento mis manos...
Las deslizo lentamente por mi pecho y por mis muslos, asegurándome de que no es tan sólo mi imaginación...
Pero no... éste estado de homeostásis está lejos de ser una fantasía y demasiado cerca de la perfección. esa sensación de la piel en la temperatura ideal, la postura perfecta, la hora adecuada, sin ruidos, sin gente, sin bullicio... solamente piel y consciencia... o inconsciente, con ese brillo perfecto, esa suavidad que endulza y el olor suave que de ella emana, como sándalo, como rosas de invierno...
Supongo que eso es lo que pasa cuando compras jabón en una boutique y no en el supermercado.
No puedo evitar la curiosidad de observar lo más que puedo a medida que voy sintiendo: Las manos largas de pianista, los antebrazos, el pecho y los senos redondos, níveos, mi abdomen y el botón cóncavo del ombligo, y mi sexo... y los muslos y las piernas, hasta los dedos de los pies...
Es un placer distinto... que nace de la observación y el tacto pero que va más allá de lo sexual, deteniendose en la pura sensualidad (entendiendo sensualidad como el goce de las sensaciones), sentir, tocar, palpar, y es ese goce, que se equilibra peligrosamente en el filo de lo inocente y lo impuro lo que lo hace tan enhervante: El sentir alejados de la malicia, pero con un toque de provocación.
Conectarse con la piel de una manera distinta...
Conectarse con la propia humanidad de un modo diferente...
Por hoy me he olvidado de mi mente
Por hoy, soy sólo cuerpo, sensación...
Por hoy... escribo con el contorno de mis dedos, aquello que sólo puede ser escrito con la piel en blanco...
Sí, sí, entrar en la regadera (o en la tina) y dejar que el agua moje mi cansado cuerpecito después de un ajetreado día de trabajo. No es un placer poco común, tampoco muy exótico, pero es algo que siempre tengo al alcance de mi mano y a dos pasos de mi cama.
Hace un par de días, me quedé sola en casa, era la noche perfecta: La luna en alto, el cielo despejado y estrellado, sin ruidos, preparé la tina, unas cuántas sales, flores, velas aromáticas y un buen libro... siempre he tenido la creencia que, para ser romántico, no hace falta con quién compartirlo.
La bañera es siempre un lugar donde los pensamientos vuelan... donde las imaginaciones se convierten en teorías, donde, en mis pensamientos, se realizan esos sueños de justicia que a veces parecen magros y estériles, es incluso, el lugar donde busco consuelo ante las distintas desilusiones y microtragedias de la vida diaria.
Pero también es, por encima de todas las cosas, el lugar donde entro en contacto con mi piel...
Dedicada a los placeres que me proporciona el conocimiento de la mente humana, pocos son los momentos en que mi cuerpo entra en contacto directo conmigo, sé que tengo una boca que me sirve y me complace, un par de oídos que son mi herramienta principal de trabajo y un cerebro que carbura todo aquello que necesita de ser analizado; pero poco es lo que convivo con el resto de mi humanidad.
De manera que en ésta ocasión dejé el libro de lado y me dediqué a sentir; a darle un momento a mi cuerpo para que me dijera qué era lo que necesitaba, entonces, me di cuenta de cantidad de cosas: Noté que mis pies estaban fríos y cansados, y que me reclamaban por usar tacones la mayor parte del día en vez de unos cómodos tennis. Noté que mis manos estaban tibias y suaves, y que se rehidrataban poco a poco mientras el jabón corría por ellas, me di cuenta que mi espalda había estado jorobada durante mucho tiempo y ahora tomaba un merecido descanso, no sin pelearme por mantener conscientemente, una buena postura y me di cuenta, también, de que mi piel, a pesar del frío imperante, se encontraba a gusto.
Desprendida de todo peso, me sumerjo en la bañera, pero permito que mi cuerpo flore lo suficiente como para evitar ser tocado por cualquiera de sus extremos, y así, suspendida entre la nada, entro en contacto con mi piel... esa parte tan cambiante, que igual tiene la sedosidad de los labios que la resequedad de los talones, la delicadeza de la intimidad que el aguante de las callosidades de las manos y la variedad de pigmentos de mis pecas y lunares, que la uniformidad del pecho y la espalda... todo en sincronía, en perfecta armonía... pero distintas partes todas entre sí.
Salgo de la tina, envuelta en una toalla suave y blanca, sin muchos reparos, me seco el cabello hasta dejarlo sedoso y sin una gota de agua.. me gusta cómo es: suave y sin un sólo nudo, rojo, no del rojo que quisiera y quizás hasta un tanto desteñido, pero así me gusta, al fin y al cabo. Me tumbo en la cama durante un momento y entonces me percato de algo fascinante: Mi piel, tan llena de contrastes hasta hace unos momentos, se ha uniformado al tacto...
Toco mi rostro y siento mis manos...
Las deslizo lentamente por mi pecho y por mis muslos, asegurándome de que no es tan sólo mi imaginación...
Pero no... éste estado de homeostásis está lejos de ser una fantasía y demasiado cerca de la perfección. esa sensación de la piel en la temperatura ideal, la postura perfecta, la hora adecuada, sin ruidos, sin gente, sin bullicio... solamente piel y consciencia... o inconsciente, con ese brillo perfecto, esa suavidad que endulza y el olor suave que de ella emana, como sándalo, como rosas de invierno...
Supongo que eso es lo que pasa cuando compras jabón en una boutique y no en el supermercado.
No puedo evitar la curiosidad de observar lo más que puedo a medida que voy sintiendo: Las manos largas de pianista, los antebrazos, el pecho y los senos redondos, níveos, mi abdomen y el botón cóncavo del ombligo, y mi sexo... y los muslos y las piernas, hasta los dedos de los pies...
Es un placer distinto... que nace de la observación y el tacto pero que va más allá de lo sexual, deteniendose en la pura sensualidad (entendiendo sensualidad como el goce de las sensaciones), sentir, tocar, palpar, y es ese goce, que se equilibra peligrosamente en el filo de lo inocente y lo impuro lo que lo hace tan enhervante: El sentir alejados de la malicia, pero con un toque de provocación.
Conectarse con la piel de una manera distinta...
Conectarse con la propia humanidad de un modo diferente...
Por hoy me he olvidado de mi mente
Por hoy, soy sólo cuerpo, sensación...
Por hoy... escribo con el contorno de mis dedos, aquello que sólo puede ser escrito con la piel en blanco...
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