miércoles, 11 de enero de 2012

Carta a Miguel Sacal


Al Sr. Miguel Moisés Sacal Smeke:

Hace unos días circuló por la red un video donde se muestra la agresión de la que fue objeto el empleado Hugo Enrique Vega por parte de usted, lo cual ha levantado la indignación en las redes sociales y en gran parte de los mexicanos, entre los cuales, me cuento.

Y la indignación, creo proviene no solamente de la golpiza que le propinó a éste hombre, a final de cuentas, golpizas vemos todos los días, sino el hecho de que haya abusado de su estatus y poder adquisitivo para defenderse cobardemente de algo que, a la vista de todo el mundo, es un acto reprobable y deplorable; la diferencia entre las agresiones que vemos del diario y ésta es que, mientras que los agresores se carean y resuelven las cosas frente a frente, ya sea para hablarlo, para gritarlo, para resolverlo o volverse a golpear, y la resolución de usted fue correr con un abogado y querer aparentar que esto había sido una riña, cuando, para que sea una riña, necesita de otro que responda a la agresión, lo cual, en el video se ve claramente que no es así.
Como empresaria, siempre he creído que nuestro deber se encuentra en hacer sentir bien a nuestro personal para crecer como empresa y como seres humanos, no humillarlo, mucho menos maltratarlo, porque el cómo tratamos a la gente es el reflejo de cómo deseamos ser tratados, una persona sobaja, es porque se siente mucho menos que los demás y necesita que no haya amenazas de parte de otros, una persona que ofende, es porque se siente ofendida, una persona que agrede es porque cree que sólo a través del caos puede instaurar orden y una persona que grita es sólo porque se siente tan pequeña e impotente, que necesita de alzar demasiado la voz para sentirse escuchado y notado. Evidentemente, la prepotencia denota una fuerte necesidad de atención y de protección ¿Quién sino, anda todo el día a la defensiva con personas que, sabe, no responderán ante sus agresiones?

Usted dijo que esto había sido una simple riña, de acuerdo, si fue eso solamente ¿Por qué defenderse con un abogado que es reconocido por su alto nivel de corrupción? ¿Por haber sido demandado por el empleado? De no haber cometido un delito grave ¿No habría bastado con un abogado cualquiera? ¿Para qué ampararse ante un conflicto tan pequeño y cuya resolución sería tan simple como pagar los gastos médicos resultantes de la agresión? Quizás porque sabe que, después de todo, no fue una simple riña, sino un real abuso de poder.

Mis abuelos solían decir que el respeto no es de quien lo recibe, sino de quien lo da, y uno debe insultar tan fuerte a un empleado como el tiempo que le sea posible mantener una braza de carbón ardiente en la mano. Me queda claro que ud. no es una persona respetable pero, seguramente, tendrá manos de acero.

A ud. Señor, no lo conozco, no conozco su historia ni sus traumas personales y particulares, así como usted no conoce la mía y,  muy probablemente, tampoco le interese conocerla porque sólo soy una “india” una simple “gata”, orgullosa de mis raíces y de quien soy por cierto. Lo único que conozco de su historia es esa parte que se basa en su religión: como judío, bien debe conocer y saber sobre el dolor humano, sobre las humillaciones y vejaciones, sobre el abuso de poder y la violencia sin sentido, sin embargo, me sorprende que alguien con tal conocimiento de esa parte de la historia se comporte de una manera tan altanera e inhumana. Una vez, un par de veces, no importa, esas son de las que nos dimos cuenta ¿Cuántas más habrá habido que no se han televisado por miedo de los agredidos? No importa si se trata de un golpe, una ofensa, un insulto racial o una mentada de madre, no se trata de que se satanice un hecho, se trata de que ud. Tira la piedra y esconde la mano ¿Qué clase de actitud cobarde es esa? Una persona que realmente tiene poder y grandeza lo usa en beneficio de su comunidad, usted, lo único que tiene son influencias.

Me da lástima que gente así de prepotente pulule por las calles de éste país de manera tan impune, y que, encima, se crea con el derecho de seguir haciendo éste tipo de cosas por ser “un empresario importante” ¿Cree que el hecho de ser cabeza de ratón le da privilegios especiales sobre otras personas? ¿Que lo hace distinto? ¿Que lo hace mejor? La fuerza laboral es la que lo ha hecho fuerte, porque no es ud. Quien se sienta a coser y cortar, a maquilar, ni mucho menos pasa horas sentado frente a un mostrador aguantando a clientes déspotas y engreídos que creen que el mundo les debe honra y alabanza por llevar puesto un carísimo par de pantalones.

En lo personal yo nunca he comprado en sus tiendas, y después de esto, no compraría, y sé que mis 500 o 1000 o 50mil pesos que pueda gastar en una de ellas ni le va ni le vienen, en pocas palabras no le importan, sin embargo, no puedo hacerme cómplice ni ojo de hormiga ante una vejación así. 

No espero que ésta carta le haga reflexionar, igual, muy probablemente no la abrirá, o si la abre, me mandará a incordiar a mi progenitora, me dirá que me escupe si quiere o me dirigirá algún tipo de insulto fálico, cosa que francamente ni me molesta ni me indigna, después de todo, usted no es quién para insultarme ni yo nadie para darme por aludida, sin embargo, sí pretendo expresar el sentir de muchos mexicanos, que estamos ofendidos por su reacción prepotente, indigna, pero sobre todo cobarde: Enfrente los hechos, si usted cree que un empleado merece una paliza por no alcanzarle un gato hidráulico ¿Cuál cree que sea el castigo propio para una persona que evita, por medios artreros, ilegales y corruptos, el cumplir con una pena que merece por un comportamiento indebido? Espero que esto llegue a sus manos y, que se de cuenta, de que sus acciones estarán vigiladas por la comunidad mexicana, conformada principalmente, por empleados como el que usted ha agredido.

Atentamente

Psic. Paulina Gutiérrez

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