sábado, 2 de marzo de 2013

Sobre el amor y la pertenencia al mundo...


Hasta hace relativamente poco, siempre tuve la certeza de no ser amada, no me pregunten por qué, el hecho es que era algo que daba por sentado por el simple y llano hecho de que alguien me dijo una vez que soy una persona extremadamente difícil de amar por mi forma de ser, por mandona, por calzonuda, por rebelde, por lo que ustedes quieran, gusten, manden y demanden, el hecho es que, para éste personito yo no valía la pena y desgraciadamente, me lo dijo en un momeno tan frágil de mi existencia que le creí, afortunadamente, algunos años y terapeutas después, pude deshacerme de esa idea, aunque pienso que, de manera inconsciente, aún a veces ronda por mi cabeza.

Es una cosa extraña conmigo la cuestión del amor...Siempre he sabido qué y quién soy, es algo que tengo que reconocerme, si hay algo que no me falle es una autovisión clara y precisa de la clase de mujer que me puedo preciar de ser y, por tanto puedo decir que no valgo la pena ser amada y no me malentiendan, sucede que no es una pena amarme, es una muy buena experiencia, dado que soy fiel, íntegra, amorosa, entregada, tierna y dispuesta a sacar las garras y a meter las manos al fuego por aquella persona que ame.

Lo cierto es que por extrañas circunstancias del destino el amor justamente correspondido (es decir que en medida de lo que doy recibo) me había sido negado de muchas maneras. No he tenido muchas parejas (de hecho parejas formales como tal sólo han sido 2 y uno que otro free) y no dudo que me hayan querido mucho, de uno de ellos creo que hubo un punto en que pudo llegar a amarme y a
considerarme importante en su vida y en su ser, la bronca está en que, a la hora de demostrarlo, siempre había peros o restricciones o simplemente llegó un punto en que para mí no había una sensación de verdad u honestidad, sino que un beso o un "te quiero" eran moneda de cambio para tolerancia, caricias o todo lo que se puedan imaginar.

Hasta que un día, hace ya muchos años, conocí a alguien... alguien que cambió mi historia por completo, y quizás hoy, después de muchos años, lo entiendo...

Fue (y es, porque aún camina en algún lugar de esta tierra) el hombre que me hizo sentir amor sincero desde el momento en que vi sus ojos posándose sobre los míos con un sentimiento distinto a todo lo que había conocido, cuando sentí sus manos abrazando mi cuerpo, estrechándolo como si no quisiera soltarlo nunca y cuando me susurró "te amo" quedamente en el oído, un susurro que parecía que todo el mundo se detenía a escuchar... Fue mucho el tiempo... Muchos años y, a la vez muy poco, lo que compartí con  él... Y sin embargo pareció una vida entera, como si alguna fuerza cosmogónica nos hubiera unido desde el principio de los tiempos y nos tuviera reservado un momento, un lugar, un instante en la eternidad...

Él se alimentaba de incertidumbres y lo mataba la certeza... Y a mí me pasaba al revés, ese halo de misterio era, como dijera Villaurrutia: Una angustia, una pregunta, una suspensa y luminosa duda... El querer saber todo de ti y temor de al fin saberlo. Juntos pudimos haber hecho grandes cosas, pero ambos, en un momento de valentía o cobardía (todavía no lo defino), decidimos mirar hacia rumbos distintos, pero aún caminar en sendas paralelas donde nos pudiéramos seguir, observar y, probablemente
cuidar de nosotros mismos...

Sé que yo pude darle un remanso cuando su alma estaba cansada, aunque también le di un buen par de regaños y él tuvo a bien salvarme la vida, por lo menos (y hasta ahora) 2 veces, prodigarme fragmentos de su alma para coser mis alas rotas, abrirme los ojos a mundos nuevos aunque también me dio muchas, muchísimas e incontables noches de llanto, dolores de cabeza y numerosas angustias por muchos y muy variados motivos.

Pero creo que el punto álgido de a dónde quiero llegar, es que, aunque siempre creí que, aunque soy una
persona digna de ser amada, nunca creí que eso fuera a pasar hasta que él llegó. Me comprobó que estaba equivocada, que no importa cuánto me habían metido en la cabeza que yo no había nacido para encontrar la felicidad al lado de alguien, para ser correspondida o simplemente para ser tomada en cuenta, había alguien que podría amarme de una manera infinita, completa, entregada, pero que sobre todo estaba dispuesto a demostrarlo y gritarle al mundo que todo lo que me hubieran dicho estaba mal.

Hoy creo que gracias a él soy una mejor mujer, llena de certezas, que por fin puede sentirse llena de amor y que sé que, aunque nuestros caminos estén momentáneamente separados, eventualmente volverán a juntarse, quizá mañana, quizá dentro de 10,15 o 20 años, cuando hayamos madurado y visto el mundo y entonces podamos decir "Te he extrañado"

Hoy miro hacia atrás, al día que nos conocimos, siendo él casi un hombre y yo casi una niña, entrando en
nuestras vidas con un una sincronización precisa, perfecta, analizo las circunstancias y no podría haber sido de otra manera, si no, no hubiésemos trascendido y yo no estaría hablando de él en este instante.

Me quedo con su sonrisa, con sus ojos tristes de niño, con la expresión de su rostro al encontrarnos un día a la salida del tren ligero, con la belleza de su alma y con el amor que generosa y sinceramente me prodigó.

No sé si esto llegará a sus manos vagando por internet un día, tampoco si sabe lo que significa para mí: vida, enseñanza, crecimiento, transición, amor y maravilla, pero si es que algún día lo encuentra, espero que se de cuenta lo importante y decisivo que ha sido en mi vida, al grado que, quien se quede a mi lado, habrá de saber que hay un lugar en mi corazón que nunca podrá ocupar ni desplazar y que tendrá que aprender a vivir con ello, porque hay personas que te marcan, personas que se quedan contigo y personas
que simplemente se hacen una parte vital de ti, se amalgaman y su anulación podría significar la muerte a una parte de uno mismo.

Repito, nunca he tenido mucha suerte en el amor, pero he tenido la increíble suerte de conocerlo y el hecho de saberme amada por un hombre que me aceptó en mi totalidad, con mis histerias, con mis loqueras, con defectos y virtudes, viendo en mí siempre mi escencia es algo que me hace ver el mundo de manera distinta: como un lugar al que debo pertenecer, a donde haría falta de no estar y donde habrá alguien que me extrañe porque también me he hecho parte de su alma...



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