(Relato del imaginario de un encuentro en lo real)
Ella se recargó en el pecho de Él, mientras la rodeaba con sus brazos, suspiró lentamente, entrecerró los ojos un momento y luego, con ese tono de voz que tanto Él tanto temía, pero en Ella sonaba extrañamente calmo y familiar, habló:
-Entonces... ¿Es así?
- Sí...-Djjo Él, aún sintiendo que las palabras se resbalaban por su garganta, en contra de su voluntad- sólo así
Ella asintió, sonrió un poco y se estrechó a su pecho, lo tomó de los brazos apretándolo y Él puso su barbilla sobre el hombro de Ella.
-¿Qué pasa, petite souris?
Ella rió levemente, le hacía gracia el apodo ya que Él, nunca había sido muy fanático de los roedores y Ella, definitivamente, no era chiquita en ninguna de las dimensiones pensables ni posibles.
- Nada mein liebe, no es nada... quizás sólo que lo imaginaba distinto
-¿Distinto, cómo?
- No sé, distinto... a lo mejor más duro, a lo mejor no tanto... Nunca cubro mucho de mí, lo sabes, pero ésta... ésta es una forma de desnudez que es extrañamente intimidante y extrañamente íntima.
Ella le tomó los dedos y comenzó a juguetear con ellos, Él le hizo algunos cariños en la mano y le sonrió sin que Ella lo percibiera.
- Es extraño, ¿Sabes? Verse desde los ojos ajenos te abre los propios a una nueva realidad
- No es la primera vez que alguien lo hace
- Es la primera que lo hace alguien a quien yo ya vi de ésta manera, a quien conozco, quiero, admiro y respeto, y que lo hace a petición mía
Él rió un poco incómodo; hasta ahora, había entendido no sólo la responsabilidad, sino la impredictibilidad que llevaba consigo hacer interpretaciones a los amigos, tabú por demás vetado y mal visto en el psicoanálisis, más aún, hacerlo con un método que implicaba proximidad física y, para rematar, siendo consciente de que Ella sentía algo más que simple y llana amistad. Sin embargo, aún faltaba que comprendiera que el temor que se desarrollaba en su interior, iba más allá de las 400 reglas que habían roto y de las restantes que estaban deseosos de romper:
Temía interpretarla, porque sabía que lo estaría, a su vez, analizando y esto lo dejaría aún más expuesto que antes, temía que Ella no aguantaría, le rompería el corazón y la lastimaría, y esto lo asustaba porque, si bien Él no la amaba, le tenía mucho cariño. Y temía, también, a ser juzgado y condenado por los caprichos de Ella si daba un paso en falso, sabía (o al menos así lo pensaba) que Ella defendería sus ideas y acciones como gata boca arriba, y lo juzgaría abiertamente, además, tenía fama de psicoanalista implacable y puntillosa, no se la dejaría pasar tan fácil si metía la pata.
Ella por su parte había pasado de la angustia al miedo, a la ansiedad y, posteriormente, a la pasividad: la descarga de adrenalina había sido masiva y estaba demasiado agotada para cualquier cosa, incluso, para pensar en todo lo que Él le había dicho. Esto, de golpe, le había hecho ver la realidad y le había echado luz a aquellas tinieblas que le habían atribulado el corazón durante tantos meses, aunque hora no sabía qué paraje era más desolador: la espera en el quizás o la terrible certeza de que nunca hubo una posibilidad.
Suspiraron ambos, Él de alivio, Ella atorando un beso ahogado... Ella soltó una lágrima en silencio y Él se quedó inmóvil sin saber qué hacer: éste era el momento que, secretamente, ambos habían estado evitando por las implicancias que en el llevaban.
...Ella le sonrió y Él le devolvió la sonrisa, lo tomó de las manos mientras sentía su respiración por encima del hombro; estaban inmóviles, expectantes, no se veían a los ojos, pero sabían que habían visto más allá: en lo profundo de sus almas, que habían sondeado sus miedos y culpas, sus vergüenzas, sus demonios, pero también las cosas hermosas que yacían ocultas a los extraños.
Ella dio una pequeña palmada en la mano de Él, indicaba que el tiempo había sido el justo y era momento de partir, se incorporó, se puso la bata mientras miraba esos ojos que, sentía, podían volverla alabastrina aún ante las verdades más veladas. Él le devolvió la mirada, y vio unos ojos tristísimos, que sin embargo, tomaba fuerza de cada uno de sus fragmentos para constituirse como una entidad fuerte y completa.
Ambos se dirigieron una sonrisa sincera, en medio de un silencio interna e intuitivamente convenido. Ella le extendió los brazos y Él la abrazó, Ella pudo sentir los dos corazones latiendo a la par, mientras Él se enfocó en la respiración acompasada, que le indicaba que la tormenta se encaminaba a su fin.
Ella le revolvió el cabello, le sonrió abiertamente y finalmente habló:
- Gracias por éste día, fue maravilloso y revelador ¿Te veo mañana?
- ¡Claro! Temprano, sirve que te traigo el libro
- Y la película
- ¡Y la película!
Rieron un momento, Ella lo tomó de las manos, dudó un segundo y le plantó un sentido beso en la comisura de los labios, Él simplemente, la dejó hacer sin responder...
- Entonces, hasta mañana
- Hasta mañana, descansa petite souris
- Descansa mein liebe
Ella se encaminó a la salida del hospital, mientras Él la veía desde la puerta de su cuarto, pensando en que, en un futuro, seguirían siendo buenos amigos, mientras Ella, a su vez, sentía el peso opresor de las esperanzas que corrían como arena entre los dedos y ahora, tenía la certeza de que el último grano de ésta se le había escapado permanentemente y sin remedio de las manos… Todo había pasado como debería, y, puntual, el reloj que marcaba el tiempo que les quedaba, había comenzado su inexorable cuenta atrás.
Ella dio una pequeña palmada en la mano de Él, indicaba que el tiempo había sido el justo y era momento de partir, se incorporó, se puso la bata mientras miraba esos ojos que, sentía, podían volverla alabastrina aún ante las verdades más veladas. Él le devolvió la mirada, y vio unos ojos tristísimos, que sin embargo, tomaba fuerza de cada uno de sus fragmentos para constituirse como una entidad fuerte y completa.
Ambos se dirigieron una sonrisa sincera, en medio de un silencio interna e intuitivamente convenido. Ella le extendió los brazos y Él la abrazó, Ella pudo sentir los dos corazones latiendo a la par, mientras Él se enfocó en la respiración acompasada, que le indicaba que la tormenta se encaminaba a su fin.
Ella le revolvió el cabello, le sonrió abiertamente y finalmente habló:
- Gracias por éste día, fue maravilloso y revelador ¿Te veo mañana?
- ¡Claro! Temprano, sirve que te traigo el libro
- Y la película
- ¡Y la película!
Rieron un momento, Ella lo tomó de las manos, dudó un segundo y le plantó un sentido beso en la comisura de los labios, Él simplemente, la dejó hacer sin responder...
- Entonces, hasta mañana
- Hasta mañana, descansa petite souris
- Descansa mein liebe
Ella se encaminó a la salida del hospital, mientras Él la veía desde la puerta de su cuarto, pensando en que, en un futuro, seguirían siendo buenos amigos, mientras Ella, a su vez, sentía el peso opresor de las esperanzas que corrían como arena entre los dedos y ahora, tenía la certeza de que el último grano de ésta se le había escapado permanentemente y sin remedio de las manos… Todo había pasado como debería, y, puntual, el reloj que marcaba el tiempo que les quedaba, había comenzado su inexorable cuenta atrás.

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