viernes, 16 de septiembre de 2011

Ella y Él


(Relato del imaginario de un encuentro en lo real)


Ella se recargó en el pecho de Él, mientras la rodeaba con sus brazos, suspiró lentamente, entrecerró los ojos un momento y luego, con ese tono de voz que tanto Él tanto temía, pero en Ella sonaba extrañamente calmo y familiar, habló:
-Entonces... ¿Es así?
- Sí...-Djjo Él, aún sintiendo que las palabras se resbalaban por su garganta, en contra de su voluntad- sólo así

Ella asintió, sonrió un poco y se estrechó a su pecho, lo tomó de los brazos apretándolo y Él puso su barbilla sobre el hombro de Ella.


-¿Qué pasa, petite souris?

Ella rió levemente, le hacía gracia el apodo ya que Él, nunca había sido muy fanático de los roedores y Ella, definitivamente, no era chiquita en ninguna de las dimensiones pensables ni posibles.


- Nada mein liebe, no es nada... quizás sólo que lo imaginaba distinto

-¿Distinto, cómo?
- No sé, distinto... a lo mejor más duro, a lo mejor no tanto... Nunca cubro mucho de mí, lo sabes, pero ésta... ésta es una forma de desnudez que es extrañamente intimidante y extrañamente íntima.
Ella le tomó los dedos y comenzó a juguetear con ellos, Él le hizo algunos cariños en la mano y le sonrió sin que Ella lo percibiera.
- Es extraño, ¿Sabes? Verse desde los ojos ajenos te abre los propios a una nueva realidad
- No es la primera vez que alguien lo hace
- Es la primera que lo hace alguien a quien yo ya vi de ésta manera, a quien conozco, quiero, admiro y respeto, y que lo hace a petición mía

Él rió un poco incómodo; hasta ahora, había entendido no sólo la responsabilidad, sino la impredictibilidad que llevaba consigo hacer interpretaciones a los amigos, tabú por demás vetado y mal visto en el psicoanálisis, más aún, hacerlo con un método que implicaba proximidad física y, para rematar, siendo consciente de que Ella sentía algo más que simple y llana amistad. Sin embargo, aún faltaba que comprendiera que el temor que se desarrollaba en su interior, iba más allá de las 400 reglas que habían roto y de las restantes que estaban deseosos de romper:

Temía interpretarla, porque sabía que lo estaría, a su vez, analizando y esto lo dejaría aún más expuesto que antes, temía que Ella no aguantaría, le rompería el corazón y la lastimaría,  y esto lo asustaba porque, si bien Él no la amaba, le tenía mucho cariño. Y temía, también, a ser juzgado y condenado por los caprichos de Ella si daba un paso en falso, sabía (o al menos así lo pensaba) que Ella defendería sus ideas y acciones como gata boca arriba, y lo juzgaría abiertamente, además, tenía fama de psicoanalista implacable y puntillosa, no se la dejaría pasar tan fácil si metía la pata.

Ella por su parte había pasado de la angustia al miedo, a la ansiedad y, posteriormente, a la pasividad: la descarga de adrenalina había sido masiva y estaba demasiado agotada para cualquier cosa, incluso, para pensar en todo lo que Él le había dicho. Esto, de golpe, le había hecho ver la realidad y le había echado luz a aquellas tinieblas que le habían atribulado el corazón durante tantos meses, aunque hora no sabía qué paraje era más desolador: la espera en el quizás o la terrible certeza de que nunca hubo una posibilidad.

Suspiraron ambos, Él de alivio, Ella atorando un beso ahogado... Ella soltó una lágrima en silencio y Él se quedó inmóvil sin saber qué hacer: éste era el momento que, secretamente, ambos habían estado evitando por las implicancias que en el llevaban.


 ...Ella le sonrió y Él le devolvió la sonrisa, lo tomó de las manos mientras sentía su respiración por encima del hombro; estaban inmóviles, expectantes, no se veían a los ojos, pero sabían que habían visto más allá: en lo profundo de sus almas, que habían sondeado sus miedos y culpas, sus vergüenzas, sus demonios, pero también las cosas hermosas que yacían ocultas a los extraños.

Ella dio una pequeña palmada en la mano de Él, indicaba que el tiempo había sido el justo y era momento de partir, se incorporó, se puso la bata mientras miraba esos ojos que, sentía, podían volverla alabastrina aún ante las verdades más veladas. Él le devolvió la mirada, y vio unos ojos tristísimos, que sin embargo, tomaba fuerza de cada uno de sus fragmentos para constituirse como una entidad fuerte y completa.

Ambos se dirigieron una sonrisa sincera, en medio de un silencio interna e intuitivamente convenido. Ella le extendió los brazos y Él la abrazó, Ella pudo sentir los dos corazones latiendo a la par, mientras Él se enfocó en la respiración acompasada, que le indicaba que la tormenta se encaminaba a su fin.

Ella le revolvió el cabello, le sonrió abiertamente y finalmente habló:

- Gracias por éste día, fue maravilloso y revelador ¿Te veo mañana?
- ¡Claro! Temprano, sirve que te traigo el libro
- Y la película
- ¡Y la película!

Rieron un momento, Ella lo tomó de las manos, dudó un segundo y le plantó un sentido beso en la comisura de los labios, Él simplemente, la dejó hacer sin responder...

- Entonces, hasta mañana
- Hasta mañana, descansa petite souris
- Descansa mein liebe

Ella se encaminó a la salida del hospital, mientras Él la veía desde la puerta de su cuarto, pensando en que, en un futuro, seguirían siendo buenos amigos, mientras Ella, a su vez, sentía el peso opresor de las esperanzas que corrían como arena entre los dedos y ahora, tenía la certeza de que el último grano de ésta se le había escapado permanentemente y sin remedio de las manos… Todo había pasado como debería, y, puntual, el reloj que marcaba el tiempo que les quedaba, había comenzado su inexorable cuenta atrás.






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