Vida, obra y milagros de una mujer fálica y lacaniana en una sociedad machista
"¡Vivir es increíble!" Reza la propaganda de una famosa compañía de seguros, y no podría estar más de acuerdo con dicho lema, vivir en México es francamente difícil de creer en éstos tiempos y más cuando se ven constantemente salpicados de violencia, inseguridad y ese característico machismo de ésta tierra que cada vez me precio menos de llamar "mía".
La violencia contra las mujeres es un tema que a todos nos atañe, si bien, no soy de esas mujeres que piensan que el que te coman con los ojos en la calle es violencia, (en primera porque las mujeres también nos comemos con los ojos a los hombres y, en segunda, porque con lo poco que me voltean a ver, el que lo hagan me gusta más que disgustarme jajajajaja) sí me he visto agredida física, moral, pero sobre todo intelectualmente por mis compañeros varones.
Ya sean compañeros médicos en el negocio, compañeros de la unidad donde trabajo, subordinados o jefes en mi otro trabajo, o amigos que llegan a venir a ésta casa, todos llegan a incurrir en esa práctica que es denostar la inteligencia femenina, posición que, lejos de incomodarme, como buena psicoanalista me intriga y, en el peor de los casos, me divierte.
Recuerdo que una de las primeras confrontaciones con la consabida frase "Porque él es hombre" fue cuando estaba en tercero de primaria,cuando inquirí el por qué en el reglamento decía que el salón debería estar conformado por un 51% de varones y 49% de mujeres, cuando pregunté a mi maestro el por qué dicha regla me dijo "Porque los hombres son hombres, y ustedes de mujeres no tienen mucho qué estudiar, tienen que ser mamás y eso..." en ese momento la respuesta me pareció un tanto tonta y no me animé a contestar que mi madre trabajaba mucho más que mi padre y no por eso dejaba de ser mamá, pero hoy, a la distancia, me pongo a pensar en la terrible implicación de sus palabras.
Darme cuenta de que no soy una mujer convencional, seguidora de los atavismos de antaño que se han atribuído malamente a nuestro género, ha sido un proceso complicado, duro y ¿Por qué no decirlo? terriblemente doloroso; en muchas ocasiones me ha valido cantidad de soledades, incomprensiones y falta de empatía, pero bueno, supongo que es el precio que se paga por ser libre en igualdad, y aún con su costo tan alto y terrible, no renunciaría a ella, porque, a final de cuentas, éste derecho me ha definido como lo que soy, y creo que, si no lo hubiese tomado conscientemente, mi personalidad no habría permitido que éste permaneciera adormilado mucho tiempo en el rincón del olvido.
Son muchas las frases que he acuñado a lo largo de los años sobre lo que me han dicho que una mujer no debe hacer, tales como: "Siéntate con las piernas cerradas" "Una señorita no dice groserías" "Una mujer no debe ser agresiva" "Una chica debe darse a respetar" o (la que más ooooooodio y odiaré toda la vida) "Una mujer no debe dar el primer paso, el hombre es conquistador y ella debe esperar a ser conquistada" ¿Conquistada? ¡Ah shingá! Ni que fuera una isla o un pinche pedazo de tierra... Éstas y otras cuantas joyitas han salido de la boca no de hombres, sino de mujeres, lo cual me parece francamente violento, es como si fuera un intento de las propias mujeres por evitar la igualdad y darse una valía propia de la raza humana y no dependiente del género, de los prejuicios o de lo que tengas entre las piernas.
Me he dado cuenta (No sin unos cuantos golpes de cuernos contra la pared) que aborrezco casi cualquier comanda proveniente de un hombre (siempre y cuando no tenga justificación, claro), a veces, incluso, los gestos de caballerosidad me incomodan, y de dejarme guiar ni se diga, jajaja hasta mi maestro de salsa me dice "Espérate a que te marque la vuelta ¡No te mandas sola!" (He de comentar que la Salsa ha sido particularmente reveladora en ese sentido), quizás por eso me es tan extremadamente sencillo ponerme al brinco y al tú por tú con mis superiores (todos hombres por cierto), mis maestros (incluso a uno de ellos no tuve el menor empacho en besuquearlo) o mi familia. Ahí donde las mujeres tuercen las manos (frente a los hombres) yo las empuño o me las llevo al pelo y voy volteando miradas de abajo a arriba, con la cabeza bien en alto y pisando fuerte con mis tacones del 15.
Alguien recientemente me dijo que había sido forjada con una personalidad fuerte, alguien hace un poco másde tiempo, me dijo que si me hubiesen nombrado por mi personalidad, seguro me hubiese llamado "Armanda" (Sí, como en "El lobo estepario") por mi franca actitud de muchacho, y alguien más me dijo que silvestre, amazona, fálica y calzonuda eran todos en conjunto términos que no alcanzaban para describir mi tozudes (¿Por qué iba a escribir gozudes? jajaja noooo si el que hambre tiene...). Quizás los 3 tengan razón, o a lo mejor los 3 están a medio camino entre la razón y la incomprensión de alguien que es, por mucho, caricaturesca y, por otro tanto, absolutamente fuera de lo común, o quizás todos estamos equivocados y hablamos desde nuestra propia identificación proyectiva...
Las mujeres fálicas solemos tener ese problema: nos perciben amenazadoras, castrantes, frustradas, deseosas de renegar de nuestro género y mostrar nuestra tan vergonzosa debilidad y ¡No! Lo recalco con mayúsculas: No somos nada de eso, actuamos distinto, sí, no nos gusta que nos manden sí, somos agresivas, MUCHO! pero eso no nos hace unas bossy bitches ni mucho menos, simplemente, creo que nos hace seres un poco incomprendidos por el grueso de la sociedad.
Las europeas han adoptado ésta actitud desde hace muchísimos años, mientras que en latinoamérica y, en especial en México, aún es mal visto, pero bueh... habemos las que no podemos hacer nada por evitarlo jajajaja, dense de santos que no traigo el cabello corto, que no me visto sólo con pantalones y camisetas y que no creo que los hombres deben estar bajo mis pies, por el contrario, estamos para complementarnos... sólo que a veces una quiere tomar roles distintos y quiere compartir también lo que se siente tener el poder un ratito.
No sé si ésta humilde opinión tenga algún grado de validez más allá del que yo le confiero, para ser franca, tampoco me importa mucho, lo que sí, es que me siento muy orgullosa de decir que, aquí desde mi trinchera, resisto los embates de una sociedad machista, afotunadamente, me conservo lo suficientemente lacaniana, para burlarme al respecto.
Cheers for my birthday my dears!!!
"¡Vivir es increíble!" Reza la propaganda de una famosa compañía de seguros, y no podría estar más de acuerdo con dicho lema, vivir en México es francamente difícil de creer en éstos tiempos y más cuando se ven constantemente salpicados de violencia, inseguridad y ese característico machismo de ésta tierra que cada vez me precio menos de llamar "mía".
La violencia contra las mujeres es un tema que a todos nos atañe, si bien, no soy de esas mujeres que piensan que el que te coman con los ojos en la calle es violencia, (en primera porque las mujeres también nos comemos con los ojos a los hombres y, en segunda, porque con lo poco que me voltean a ver, el que lo hagan me gusta más que disgustarme jajajajaja) sí me he visto agredida física, moral, pero sobre todo intelectualmente por mis compañeros varones.
Ya sean compañeros médicos en el negocio, compañeros de la unidad donde trabajo, subordinados o jefes en mi otro trabajo, o amigos que llegan a venir a ésta casa, todos llegan a incurrir en esa práctica que es denostar la inteligencia femenina, posición que, lejos de incomodarme, como buena psicoanalista me intriga y, en el peor de los casos, me divierte.
Recuerdo que una de las primeras confrontaciones con la consabida frase "Porque él es hombre" fue cuando estaba en tercero de primaria,cuando inquirí el por qué en el reglamento decía que el salón debería estar conformado por un 51% de varones y 49% de mujeres, cuando pregunté a mi maestro el por qué dicha regla me dijo "Porque los hombres son hombres, y ustedes de mujeres no tienen mucho qué estudiar, tienen que ser mamás y eso..." en ese momento la respuesta me pareció un tanto tonta y no me animé a contestar que mi madre trabajaba mucho más que mi padre y no por eso dejaba de ser mamá, pero hoy, a la distancia, me pongo a pensar en la terrible implicación de sus palabras.
Darme cuenta de que no soy una mujer convencional, seguidora de los atavismos de antaño que se han atribuído malamente a nuestro género, ha sido un proceso complicado, duro y ¿Por qué no decirlo? terriblemente doloroso; en muchas ocasiones me ha valido cantidad de soledades, incomprensiones y falta de empatía, pero bueno, supongo que es el precio que se paga por ser libre en igualdad, y aún con su costo tan alto y terrible, no renunciaría a ella, porque, a final de cuentas, éste derecho me ha definido como lo que soy, y creo que, si no lo hubiese tomado conscientemente, mi personalidad no habría permitido que éste permaneciera adormilado mucho tiempo en el rincón del olvido.
Son muchas las frases que he acuñado a lo largo de los años sobre lo que me han dicho que una mujer no debe hacer, tales como: "Siéntate con las piernas cerradas" "Una señorita no dice groserías" "Una mujer no debe ser agresiva" "Una chica debe darse a respetar" o (la que más ooooooodio y odiaré toda la vida) "Una mujer no debe dar el primer paso, el hombre es conquistador y ella debe esperar a ser conquistada" ¿Conquistada? ¡Ah shingá! Ni que fuera una isla o un pinche pedazo de tierra... Éstas y otras cuantas joyitas han salido de la boca no de hombres, sino de mujeres, lo cual me parece francamente violento, es como si fuera un intento de las propias mujeres por evitar la igualdad y darse una valía propia de la raza humana y no dependiente del género, de los prejuicios o de lo que tengas entre las piernas.
Me he dado cuenta (No sin unos cuantos golpes de cuernos contra la pared) que aborrezco casi cualquier comanda proveniente de un hombre (siempre y cuando no tenga justificación, claro), a veces, incluso, los gestos de caballerosidad me incomodan, y de dejarme guiar ni se diga, jajaja hasta mi maestro de salsa me dice "Espérate a que te marque la vuelta ¡No te mandas sola!" (He de comentar que la Salsa ha sido particularmente reveladora en ese sentido), quizás por eso me es tan extremadamente sencillo ponerme al brinco y al tú por tú con mis superiores (todos hombres por cierto), mis maestros (incluso a uno de ellos no tuve el menor empacho en besuquearlo) o mi familia. Ahí donde las mujeres tuercen las manos (frente a los hombres) yo las empuño o me las llevo al pelo y voy volteando miradas de abajo a arriba, con la cabeza bien en alto y pisando fuerte con mis tacones del 15.
Alguien recientemente me dijo que había sido forjada con una personalidad fuerte, alguien hace un poco másde tiempo, me dijo que si me hubiesen nombrado por mi personalidad, seguro me hubiese llamado "Armanda" (Sí, como en "El lobo estepario") por mi franca actitud de muchacho, y alguien más me dijo que silvestre, amazona, fálica y calzonuda eran todos en conjunto términos que no alcanzaban para describir mi tozudes (¿Por qué iba a escribir gozudes? jajaja noooo si el que hambre tiene...). Quizás los 3 tengan razón, o a lo mejor los 3 están a medio camino entre la razón y la incomprensión de alguien que es, por mucho, caricaturesca y, por otro tanto, absolutamente fuera de lo común, o quizás todos estamos equivocados y hablamos desde nuestra propia identificación proyectiva...
Las mujeres fálicas solemos tener ese problema: nos perciben amenazadoras, castrantes, frustradas, deseosas de renegar de nuestro género y mostrar nuestra tan vergonzosa debilidad y ¡No! Lo recalco con mayúsculas: No somos nada de eso, actuamos distinto, sí, no nos gusta que nos manden sí, somos agresivas, MUCHO! pero eso no nos hace unas bossy bitches ni mucho menos, simplemente, creo que nos hace seres un poco incomprendidos por el grueso de la sociedad.
Las europeas han adoptado ésta actitud desde hace muchísimos años, mientras que en latinoamérica y, en especial en México, aún es mal visto, pero bueh... habemos las que no podemos hacer nada por evitarlo jajajaja, dense de santos que no traigo el cabello corto, que no me visto sólo con pantalones y camisetas y que no creo que los hombres deben estar bajo mis pies, por el contrario, estamos para complementarnos... sólo que a veces una quiere tomar roles distintos y quiere compartir también lo que se siente tener el poder un ratito.
No sé si ésta humilde opinión tenga algún grado de validez más allá del que yo le confiero, para ser franca, tampoco me importa mucho, lo que sí, es que me siento muy orgullosa de decir que, aquí desde mi trinchera, resisto los embates de una sociedad machista, afotunadamente, me conservo lo suficientemente lacaniana, para burlarme al respecto.
Cheers for my birthday my dears!!!
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