martes, 23 de agosto de 2011

Así, sólo así...

  Hurgando, espulgando y depurando mi correo, encontré éste poema que escribí hará unos... 4 o 5 años quizás, no lo recordaba, pero releyéndolo me gustó, me trajo recuerdos y es por ello que decido colgarlo, les dejo con ésta creación de mi oxidada pluma:

 

ASÍ, SÓLO ASÍ

Así… sólo así puedo tenerte
En un suspiro pequeñito
En un resquicio de mañana
Que en su pacífico solaz
Se da tiempo de verte
En un suspiro, un gemido, un grito
Un beso profundo, una palabra vana
Una mirada profunda y un beso fugaz.

En un rincón entre el cielo y el infierno
Se funde tu alma con la mía
En danza melodiosa, en cruda sinfonía
Con el dominio que rechazo y la sensualidad que me ata
Calor de verano y frío de invierno
Que me da la alegría
Y una lenta agonía
Que me da la gloria y en un instante me mata

Porque no eres mío
Ni tuya puedo decirme
Pero me perteneces más que a nadie
Pero soy la condena que arrastras como un lastre
Porque somos cruz y desafío
Contra el tiempo que corre firme
Entre las sábanas y el aire
Como simbiosis entre matiz y contraste

Tus caricias, tus palabras
Tus besos ahogados
Los estertores potentísimos
Y después… y después no hay nada
Las lágrimas que no ves
Que me corren ácidas y magras
Y los sueños enterrados
Inalcanzables, magníficos e íntimos
La tristeza… tácita y callada
De quien entrega el alma una sola vez

Pasa la tarde…
Me enjugo el llanto a medida que el sol va bajando
Cuando los carmines y dorados me envuelven el cabello
Y respiro de la noche un hálito desesperanzado
Mientras cae afuera un aguacero…
En mi cama, imagino tu cuerpo que aún arde
Mientras mi cuerpo y sentidos se van entregando
Mientras mis ojos lanzan un último destello
Y en un suspiro, plácido y cansado
Te digo quedamente… que te quiero…

jueves, 18 de agosto de 2011

Sobre los acosadores


Sobre los acosadores

(De la mala tolerancia a la frustración, la dependencia y el deseo)


Stalkers, pegostes, molestias, tapetes, pioresnadas, bordercitos, dependientes, llámenlos como quieran: los acosadores abundan y todos hemos sufrido de sus engorrosas consecuencias, ya sea porque nos saturan con llamadas, nos postean en el face, se aparecen hasta en la sopa o de plano no nos dejan ni respirar, son una plaga en crecimiento y, lo peor del caso, una de esas experiencias de vida inevitables, incontables, pero, sobre todo interesantes.

¿Y cómo o por qué son interesantes? Bueno, queriditos... todos hemos sido acosados, pero también hemos sido acosadores

chan Chan CHAAAAAAAN!!!

En lo particular, tengo suerte para encontrarme (o -dijera mi analista- inconscientemente buscarme) hombres acosadores que, pasada la relación (o la no relación), gustan de hacer despliegue de su falta de control de impulsos, pero bueno, todo tiene su lado positivo, de manera que de ellos (y de algunas cuantas acosadoras de mis amigos) tomaré ese abanico para exponer las distintas caras del acoso:

Acosador discreto: Es ese individuo (o indiviua) silencioso, no gusta del escándalo, prefiere verte desde la esquina cuando vas a tu trabajo, ya sea que se quede con cara de embelezado o te zorree de pies a cabeza, te roza la mano a accidentalmente cada que estás cerca, le da "like" a tus publicaciones y, por lo general, podría pasar desapercibido de no ser porque cada que está cerca sientes como si te desnudaran con la mirada y estuvieran a punto de atacar.

Acosador meloso: Te da cartitas, te visita, te lleva cuanto detalle y chunche se encuentra que le parece ad hoc a tu personalidad, te dice lo bueno que eres, lo lindos que son tus ojos o lo bien que te ves. Suelen ser más molestos que otra cosa, la bronca es cuando viene el rechazo, ya que resultan estar cargados de esas personalidades histriónicas, llenas de drama, llanto y moco tendido.

Acosador violento: Uf! El tipo más difícil de todos; sus actividades acosatorias van desde llamadas telefónicas, seguirte a todas partes, hacer panchos y escenitas si te encuentra con otra persona, cometer actos vandálicos con tu casa o posesiones, o hasta atentar contra la vida de tu mascota, tu vida o la del acosador (a) en cuestión.

Una vez divididos en los 3 grandes tipos (porque hay infinitas variantes entre ellos), podemos dedicarnos a entrar en los escabrosos detalles:

La celotipia, descrita innumerables veces por Freud y Kenberg, tiene sus orígenes en la etapa edípica y en la formación de la tolerancia a la frustración, a grandes rasgos: la inseguridad provocada por la mala resolución de este conflicto, la amenaza flotante del abandono de la madre y la imposibilidad para confrontar al padre, resultan en una personalidad limítrofe o en una estructura limítrofe de la personalidad (borderline) y, a falta de límites, no entienden ni empatizan con nuestros sentimientos aún cuando a todas luces les digamos "BASTA!".

"Pero por qué?" Es la pregunta que suele rondarnos la cabeza "Por qué se enganchan conmigo y por qué me pasa esto a mí?" La respuesta es más bien complicada y larga, así que trataremos (las voces en mi cabeza y yo jajajaja) de resumir y dar una visión general de como ocurren estos enganches emocionales.

El acosador comúnmente está buscando un depositario de sus afectos, sean éstos necesidades de amor no cubiertas, deseos de venganza contra padres o ansiedad ante la búsqueda no exitosa de la pareja. Cuando encuentra, entonces, un depositario, se prende de él porque resulta un canalizador y, relativamente, organizador de la personalidad, porque de un modo u otro, la poderosa descarga emocional ya no es vivenciada sobre figuras amenazantes como los padres, sino que se traslada a afectos que ellos mismos han elegido, por decirlo de alguna manera, se han autoimpuesto y, por tanto mejor manejable ya que, aunque el rechazo parental es revivido por la persona, el rechazo del nuevo objeto es relativamente esperado y secretamente, deseado.

Siendo así, el trámite del rechazo es menos engorroso, si bien la persona se muestra mucho más insistente, tenaz y persistente, una vez que se ha dado cuenta que el depositario del afecto no lo recibe con agrado, y no logra apropiarse de sus objetos internos, sobreviene la sensación de vacío, incomprensión y, finalmente, el abandono del esfuerzo por apoderarse del otro; no sin la correspondiente dosis de drama, claro está.  Dicho trámite puede darse por dos motivos: el acosador se decepciona ante los desaires del acosado, o bien, encuentra un nuevo acosado para convertirlo en catalizador de los poderosos sentimientos que vive dentro de sí.

Ahora bien, es cierto que son harto molestos, pero creo que tendríamos que entender la naturaleza de éste fenómeno desde el otro lado, a fin de ser más empáticos y, también, de estar menos ansiosos a la hora de enfrentarnos a alguien así, digo, todos tenemos nuestro corazoncito y el que uno se convierta en acosador no es de gratis; todos en algún momento lo hacemos en menor o mayor grado, sí, no se hagan: revisar el face de la otra persona, checar si se encuentra en msn, “casualmente” pasar y aparecerte en su camino, investigar sus colores y comidas favoritas y toooooooodas esas cosas que uno hace cuando está enamorado, son, en parte, actitudes de acoso, aunque las controlemos y mantengamos en secreto para nosotros mismos.

Los acosadores esconden tras de sí, muchísimo dolor y abandono; suelen provenir de familias disfuncionales, separadas, abandónicas y/o de padres refrigeradores, es decir, fríos, distantes y poco empáticos ante el niño o niña en cuestión. Imagínense pasar su primera infancia sin alguien que juegue con ustedes, que regrese las expresiones divertidas o que se interese en aquello que les gusta, alguien que funja simplemente como proveedor y objeto de miedo (el nombre del Padre, según mi adoradísimo Lacán) ¿Qué sucede? Pues que no tendrían un punto de referencia, tal como éstas pobres personitas no lo tienen, entonces, si no lo tienen, no pueden hacerlo propio y lo andan buscando en otras personas; vamos a poner un ejemplo sencillo ¿Ok?

Supongamos que ustedes están en medio de un bosque donde está nevando como la fregada, después de vagar por días sin tener nada qué comer, con muy poco agua para beber y nada con qué cubrirse, una persona llega y les ofrece un poquito de chocolate caliente, unas galletitas y una chamarra, después de 15 minutos en el interior de su casa, quieres darle un abrazo de agradecimiento a la persona que hizo esto por ti… y la persona se espanta, se enfada y te expulsa de nuevo a la nieve y al frío, despojado de chocolate, de galletas y chamarra; está cañón ¿Verdad? Bueno, en proporción eso es lo que sienten éstas personas… Terrible ¿No?

El sujeto está siempre, invariablemente, sujeto al deseo,  y el deseo en éste caso, radica en el hecho de desear y sentirse deseado, el otro anhela convertirse en ese “obscuro objeto del deseo” (jojojo) y, así mismo, que el otro se convierta en una constante deseable. El amor es el objeto faltante en ésta diada, porque se convierte en una búsqueda obsesiva de cubrir una necesidad, ya qué, aún si el otro sujeto le brinda su amor, el paciente llega a dudar de que éste sea real o sincero, por lo que intenta asegurarse de que éste exista, primero, a través del elogio y la cumplimentación y, posteriormente, a través del seguimiento y el acoso.
Esto es, digamos, la parte “regular” del acosador, sin embargo, hay los que transgreden los límites y llegan al punto de la violencia, ya sea contra el otro o contra sí mismos:

Recuerdo particularmente a un ex, quien, luego de haberlo mandado a volar 15 días después de empezar una relación con él, me llamó amenazando con cortarse las venas, yo, como buena escuincla preocupona de 16 años, salí corriendo a su casa como alma que lleva el diablo, claro que, al llegar, se había cortado las muñecas… como con una hoja de papel y había llenado la pared con las 3 gotitas de sangre que le salieron, claro, me fui echando pestes, ajos, sapos y culebras, me la volvió a hacer 2 veces y a la tercera le dije “¿Sabes qué? Si te quieres tirar del 5º o del 14avo o del 90 piso de un edificio me importa una pura y dos con sal, haz lo que se te venga en gana, ya si vives, si mueres o si te quedas zombie, me vale madres!!!” no me dejó de acosar, pero, al menos, dejó de creer que iría a su rescate cada vez que me chantajeaba con esto.

Los hay más extremos, como en esa película donde “Atracción Fatal” donde una amante, enfurecida con el desdén del otro, decide hervir el conejo-mascota de la hija de éste, y hay quienes hierven conejos, quienes envenenan perros, rayan coches o hasta agreden verbal y físicamente a la familia de la otra persona, todas unas joyitas, en éstos casos, lo único que queda es ampararse legalmente, ya que no son personas que estén muy dispuestas a entrar en tratamiento ni tienen la facilidad de entender que no los queremos, no entenderán con un rechazo y difícilmente dejarán de molestarnos sólo porque sí, hace falta protegerse y, ante éstas circunstancias no hay de otra.

Amor y obsesión… qué fácil es perderse en la delgada línea que los separa…

Ya para terminar, sólo quiero decir que bueno, los acosadores son una lata y una plaga, pero también detrás de todo acosador hay una razón básica y digna de ser atendida, una necesidad de todo animal, sea o no humano: Amor… no lo olviden, los dejo con mi frase favorita de Sigmund Freud:  “La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como lo son unas pocas palabras bondadosas.
Ténganlo en mente gente bonita.
Saludos, buenas noches y buena suerte.

viernes, 12 de agosto de 2011

...Dolencias...

Con el corazón desnudo y con el alma envuelta, a penas, en el consuelo frío que brinda una mirada helada y honesta, busco trazas de ti enmedio de la madrugada... Sin rastros... sin nada...

Me prometiste... me prometiste que algún día me cuidarías... que nada pasaría... que tantas cosas serían para mí... y hoy pregunto ¿Dónde estás? ¿Dónde? ¿Dónde los ímpetus? ¿Dónde las ganas? ¿Dónde las promesas, los suños? Todo ha quedado en nada...

Y encajo de cuando en cuando, tu figura en una mariposa, que revolotea juguetona a la par de las aves, roza las flores y el agua... y aún maravillada con su vuelo, debo confesar que siento rabia... ¿Por qué si prometiste cuidarnos no estás? ¿Por qué te has ido? ¿Por qué ya no tengo un consuelo a dónde mirar? ¿Por qué sólo encuentro silencio cuando busco respuestas, afanada en algo que pueda hacerme tener ganas de volver a empezar?

Pero no... tú no conoces las dolencias de los otros; ¿Cómo podrías? Si siempre te refugiaste detrás de la mirada adusta, poco empática y distante...

¿Recuerdas lo que me dijiste aquella tarde cuando no pude, sino de rodillas, ponerme a llorar? "¡Basta! -con voz dura- son tonterías, estupideces, los que lloran son idiotas y nunca llegan a nada" Sí... aún las recuerdo... y sí... aún queman en el alma...

Tú me dijiste que a todo santo le llega su fiestecita, que todo tenía un motivo, que toda espera tenía un final... y mírame... con la fe perdida, con el cuerpo enfermo, con el corazón roto, cansada de esperar, y esperar, y esperar sin que nada ni nadie se vuelva para mirar, sin que note éstos ojos que tantas veces viste triste y no te dignaste a consolar.

El mundo es horrible... y no por la gente cruel, sino, por aquellos que viendo la crueldad, no hacen nada...

Fui aquella que cumplió tus expectativas y tus sueños: hija ejemplar, hermana modelo, estudiante premiada, versada en artes, mujer hogareña, grácil, dulce, educada... ¿De qué sirve todo eso? Si enmedio de mi soledad, no tengo nada.

Estoy enojada con mi situación, con mi vida, es cierto, pero también contigo por hacerme creer que, en algún lugar de la tierra, latían todavía los corazones buenos, que me abriría camino ante las visicitudes, que tenía y contaba con alguien más... pero supongo que para eso no son buenos ni pies de barro, ni brazos de cristal.

¿Mi alma? Antes incorrupta e intacta, se ha visto macerada, mancillada, escupida y humillada, por llevar el camino que me enseñaste... a veces... llego a creer que me odiabas, que envidiabas aquello cuanto tuve... y aquí estoy... siendo depósito de una fracasada... fracasada en mí... esa es la palabra: fracasada

Son ya 3 años de incertidumbre y soledad que me carcomen, sin un guía, sin un maestro o un amigo a mi lado, tú sabes cuántos se han ido, tú sabes por qué no se han quedado...

Y luego... y luego recuerdo esas tardes juntas, tejiendo y bordando, recuerdo las compras y los chiqueos, recuerdo uno que otro juego... y tu voz... cascada, vieja... pero dulce y buena, diciéndome "Te quiero" justo antes de que mueras y te vayas... sí... aún estoy desconsolada... porque te extraño y te amaba y aún lo hago. Pero me siento indefensa y que mis esfuerzos son todos vanos, y me pregunto cómo es que tú hacías para todo sobrellevarlo..

Quisiera abrazarte... besarte... que me dieras un beso en la frente y luego una fuerte palmada, y que me dijeras que no llore, que no sea tonta, y que todo se resuelve y todo se sana... pero es que ahora me siento tan sola... y tengo que decir... que ahora y siempre, se te extraña...


domingo, 7 de agosto de 2011

La vida no es justa...

Si algo he aprendido a trancazos y a la mala, es que la vida no es justa, ni bonita y, a veces, también me pregunto si vale la pena vivirla.

Todo alrededor de lo que giran las grandes cosas son injusticias per sé: la distribución de los bienes materiales, los reconocimientos a una labor, los empleos, la supervivencia, incluso el amor. Todos bienes y momentos deseados, todos valorados, pocos, muy pocos, realmente alcanzados.

La justicia... Qué es, a final de cuentas, sino una diosa veleidosa y corruptible, que a todos nos guiña el ojo y a muy pocos les concede sus favores?... Es un término tan conciso y a la vez tan errático que bien podría rayar en lo psicotizante, la justicia es una veleta, una utopía, un Wallden Dos para acabar pronto: deseable? sí, necesaria? definitivamente, procurada? todo el tiempo, realizada? pocas y contadas ocasiones, porque el ser humano es, por naturaleza, envidioso y artrero.

Como ejerciente (existe esa palabra?) de una profesión intrínsecamente humanista, me veo obligada, o quiero obligarme a pensar que la "raza dominante" es en esencia bondadosa, tendiente a su propio bienestar y a la homeostasis; sin embargo, existen personas que me hacen dudar fuerte y francamente de éste postulado, con sus acciones, sus actitudes, sus palabras, sus afectos y convicciones, gente promotora de la injusticia, negligente y artrera, esas personas que convierten la sana preocupación por uno mismo en un narcisismo maligno o en franca sociopatía.

Si la vida fuese justa, muchos poderosos ahora no tendrían poder, pero eso tampoco significa que tendríamos que someternos a un nuevo orden, a mi entender, justicia sería simplemente que nos encontrásemos en igualdad de posibilidades y nuestras decisiones fueran recompensadas por ser las adecuadas para el mayor bien común con el menor esfuerzo o bien, castigadas por ser culposas, dolosas o malintencionadas.

Esa utópica fantasía ha sido imposible de alcanzar gracias a las infinitas codicia y envidia del ser humano, sin ellas, probablemente sería más sencillo voltear a ver a nuestros semejantes. Sin embargo, nos hemos vuelto glotones compulsivos, hambrientos de poder, dinero o cosas, una casa grande no es suficiente, la queremos con piscina, un buen auto no es suficiente, lo necesitamos de lujo, nuestra piel no es suficiente necesitamos ropajes caros, una comida balanceada no es suficiente, necesitamos cosas chatarra... Todo esto nos ha envuelto en una vorágine de consumismo, telarañas mentales que nos hacen desear más y, a fin de hacerlo, nos aliamos a otros para cometer fraudes, abusos, a saber: injusticias.

Sin embargo, todos conocemos la frase "ya era justo y necesario" que igual puede aplicar para un reconocimiento a la labor que para un buen corte de pelo... A veces la llamada "justicia divina" hace acto de presencia cuando comenzamos a olvidarnos de lo mundano: justa es una tarde con amigos, por el mero gusto de disfrutar, luego de arduas jornadas de trabajo juntos; justas, son las palabras que se dicen luego de una pelea, donde reconocemos nuestros errores y faltas ante el otro, justo es un llanto bien llorado por un dolor vivido, así como justa es la risa y la cólera para un alma que las necesita.

Justa es una tarde para liberarse y dejar salir pulsiones...

Justo es un momento de paz enmedio de la madrugada...

La vida no es justa, para nada, a veces ni bonita... Pero es gracias a esos momentos que vale la pena vivirla...