domingo, 7 de agosto de 2011

La vida no es justa...

Si algo he aprendido a trancazos y a la mala, es que la vida no es justa, ni bonita y, a veces, también me pregunto si vale la pena vivirla.

Todo alrededor de lo que giran las grandes cosas son injusticias per sé: la distribución de los bienes materiales, los reconocimientos a una labor, los empleos, la supervivencia, incluso el amor. Todos bienes y momentos deseados, todos valorados, pocos, muy pocos, realmente alcanzados.

La justicia... Qué es, a final de cuentas, sino una diosa veleidosa y corruptible, que a todos nos guiña el ojo y a muy pocos les concede sus favores?... Es un término tan conciso y a la vez tan errático que bien podría rayar en lo psicotizante, la justicia es una veleta, una utopía, un Wallden Dos para acabar pronto: deseable? sí, necesaria? definitivamente, procurada? todo el tiempo, realizada? pocas y contadas ocasiones, porque el ser humano es, por naturaleza, envidioso y artrero.

Como ejerciente (existe esa palabra?) de una profesión intrínsecamente humanista, me veo obligada, o quiero obligarme a pensar que la "raza dominante" es en esencia bondadosa, tendiente a su propio bienestar y a la homeostasis; sin embargo, existen personas que me hacen dudar fuerte y francamente de éste postulado, con sus acciones, sus actitudes, sus palabras, sus afectos y convicciones, gente promotora de la injusticia, negligente y artrera, esas personas que convierten la sana preocupación por uno mismo en un narcisismo maligno o en franca sociopatía.

Si la vida fuese justa, muchos poderosos ahora no tendrían poder, pero eso tampoco significa que tendríamos que someternos a un nuevo orden, a mi entender, justicia sería simplemente que nos encontrásemos en igualdad de posibilidades y nuestras decisiones fueran recompensadas por ser las adecuadas para el mayor bien común con el menor esfuerzo o bien, castigadas por ser culposas, dolosas o malintencionadas.

Esa utópica fantasía ha sido imposible de alcanzar gracias a las infinitas codicia y envidia del ser humano, sin ellas, probablemente sería más sencillo voltear a ver a nuestros semejantes. Sin embargo, nos hemos vuelto glotones compulsivos, hambrientos de poder, dinero o cosas, una casa grande no es suficiente, la queremos con piscina, un buen auto no es suficiente, lo necesitamos de lujo, nuestra piel no es suficiente necesitamos ropajes caros, una comida balanceada no es suficiente, necesitamos cosas chatarra... Todo esto nos ha envuelto en una vorágine de consumismo, telarañas mentales que nos hacen desear más y, a fin de hacerlo, nos aliamos a otros para cometer fraudes, abusos, a saber: injusticias.

Sin embargo, todos conocemos la frase "ya era justo y necesario" que igual puede aplicar para un reconocimiento a la labor que para un buen corte de pelo... A veces la llamada "justicia divina" hace acto de presencia cuando comenzamos a olvidarnos de lo mundano: justa es una tarde con amigos, por el mero gusto de disfrutar, luego de arduas jornadas de trabajo juntos; justas, son las palabras que se dicen luego de una pelea, donde reconocemos nuestros errores y faltas ante el otro, justo es un llanto bien llorado por un dolor vivido, así como justa es la risa y la cólera para un alma que las necesita.

Justa es una tarde para liberarse y dejar salir pulsiones...

Justo es un momento de paz enmedio de la madrugada...

La vida no es justa, para nada, a veces ni bonita... Pero es gracias a esos momentos que vale la pena vivirla...

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