Sobre los acosadores
(De la mala tolerancia a la frustración, la dependencia y el deseo)
(De la mala tolerancia a la frustración, la dependencia y el deseo)
Stalkers, pegostes, molestias, tapetes, pioresnadas, bordercitos, dependientes, llámenlos como quieran: los acosadores abundan y todos hemos sufrido de sus engorrosas consecuencias, ya sea porque nos saturan con llamadas, nos postean en el face, se aparecen hasta en la sopa o de plano no nos dejan ni respirar, son una plaga en crecimiento y, lo peor del caso, una de esas experiencias de vida inevitables, incontables, pero, sobre todo interesantes.
¿Y cómo o por qué son interesantes? Bueno, queriditos... todos hemos sido acosados, pero también hemos sido acosadores
chan Chan CHAAAAAAAN!!!
En lo particular, tengo suerte para encontrarme (o -dijera mi analista- inconscientemente buscarme) hombres acosadores que, pasada la relación (o la no relación), gustan de hacer despliegue de su falta de control de impulsos, pero bueno, todo tiene su lado positivo, de manera que de ellos (y de algunas cuantas acosadoras de mis amigos) tomaré ese abanico para exponer las distintas caras del acoso:
Acosador discreto: Es ese individuo (o indiviua) silencioso, no gusta del escándalo, prefiere verte desde la esquina cuando vas a tu trabajo, ya sea que se quede con cara de embelezado o te zorree de pies a cabeza, te roza la mano a accidentalmente cada que estás cerca, le da "like" a tus publicaciones y, por lo general, podría pasar desapercibido de no ser porque cada que está cerca sientes como si te desnudaran con la mirada y estuvieran a punto de atacar.
Acosador meloso: Te da cartitas, te visita, te lleva cuanto detalle y chunche se encuentra que le parece ad hoc a tu personalidad, te dice lo bueno que eres, lo lindos que son tus ojos o lo bien que te ves. Suelen ser más molestos que otra cosa, la bronca es cuando viene el rechazo, ya que resultan estar cargados de esas personalidades histriónicas, llenas de drama, llanto y moco tendido.
Acosador violento: Uf! El tipo más difícil de todos; sus actividades acosatorias van desde llamadas telefónicas, seguirte a todas partes, hacer panchos y escenitas si te encuentra con otra persona, cometer actos vandálicos con tu casa o posesiones, o hasta atentar contra la vida de tu mascota, tu vida o la del acosador (a) en cuestión.
Una vez divididos en los 3 grandes tipos (porque hay infinitas variantes entre ellos), podemos dedicarnos a entrar en los escabrosos detalles:
La celotipia, descrita innumerables veces por Freud y Kenberg, tiene sus orígenes en la etapa edípica y en la formación de la tolerancia a la frustración, a grandes rasgos: la inseguridad provocada por la mala resolución de este conflicto, la amenaza flotante del abandono de la madre y la imposibilidad para confrontar al padre, resultan en una personalidad limítrofe o en una estructura limítrofe de la personalidad (borderline) y, a falta de límites, no entienden ni empatizan con nuestros sentimientos aún cuando a todas luces les digamos "BASTA!".
"Pero por qué?" Es la pregunta que suele rondarnos la cabeza "Por qué se enganchan conmigo y por qué me pasa esto a mí?" La respuesta es más bien complicada y larga, así que trataremos (las voces en mi cabeza y yo jajajaja) de resumir y dar una visión general de como ocurren estos enganches emocionales.
El acosador comúnmente está buscando un depositario de sus afectos, sean éstos necesidades de amor no cubiertas, deseos de venganza contra padres o ansiedad ante la búsqueda no exitosa de la pareja. Cuando encuentra, entonces, un depositario, se prende de él porque resulta un canalizador y, relativamente, organizador de la personalidad, porque de un modo u otro, la poderosa descarga emocional ya no es vivenciada sobre figuras amenazantes como los padres, sino que se traslada a afectos que ellos mismos han elegido, por decirlo de alguna manera, se han autoimpuesto y, por tanto mejor manejable ya que, aunque el rechazo parental es revivido por la persona, el rechazo del nuevo objeto es relativamente esperado y secretamente, deseado.
Siendo así, el trámite del rechazo es menos engorroso, si bien la persona se muestra mucho más insistente, tenaz y persistente, una vez que se ha dado cuenta que el depositario del afecto no lo recibe con agrado, y no logra apropiarse de sus objetos internos, sobreviene la sensación de vacío, incomprensión y, finalmente, el abandono del esfuerzo por apoderarse del otro; no sin la correspondiente dosis de drama, claro está. Dicho trámite puede darse por dos motivos: el acosador se decepciona ante los desaires del acosado, o bien, encuentra un nuevo acosado para convertirlo en catalizador de los poderosos sentimientos que vive dentro de sí.
Ahora bien, es cierto que son harto molestos, pero creo que tendríamos que entender la naturaleza de éste fenómeno desde el otro lado, a fin de ser más empáticos y, también, de estar menos ansiosos a la hora de enfrentarnos a alguien así, digo, todos tenemos nuestro corazoncito y el que uno se convierta en acosador no es de gratis; todos en algún momento lo hacemos en menor o mayor grado, sí, no se hagan: revisar el face de la otra persona, checar si se encuentra en msn, “casualmente” pasar y aparecerte en su camino, investigar sus colores y comidas favoritas y toooooooodas esas cosas que uno hace cuando está enamorado, son, en parte, actitudes de acoso, aunque las controlemos y mantengamos en secreto para nosotros mismos.
Los acosadores esconden tras de sí, muchísimo dolor y abandono; suelen provenir de familias disfuncionales, separadas, abandónicas y/o de padres refrigeradores, es decir, fríos, distantes y poco empáticos ante el niño o niña en cuestión. Imagínense pasar su primera infancia sin alguien que juegue con ustedes, que regrese las expresiones divertidas o que se interese en aquello que les gusta, alguien que funja simplemente como proveedor y objeto de miedo (el nombre del Padre, según mi adoradísimo Lacán) ¿Qué sucede? Pues que no tendrían un punto de referencia, tal como éstas pobres personitas no lo tienen, entonces, si no lo tienen, no pueden hacerlo propio y lo andan buscando en otras personas; vamos a poner un ejemplo sencillo ¿Ok?
Supongamos que ustedes están en medio de un bosque donde está nevando como la fregada, después de vagar por días sin tener nada qué comer, con muy poco agua para beber y nada con qué cubrirse, una persona llega y les ofrece un poquito de chocolate caliente, unas galletitas y una chamarra, después de 15 minutos en el interior de su casa, quieres darle un abrazo de agradecimiento a la persona que hizo esto por ti… y la persona se espanta, se enfada y te expulsa de nuevo a la nieve y al frío, despojado de chocolate, de galletas y chamarra; está cañón ¿Verdad? Bueno, en proporción eso es lo que sienten éstas personas… Terrible ¿No?
El sujeto está siempre, invariablemente, sujeto al deseo, y el deseo en éste caso, radica en el hecho de desear y sentirse deseado, el otro anhela convertirse en ese “obscuro objeto del deseo” (jojojo) y, así mismo, que el otro se convierta en una constante deseable. El amor es el objeto faltante en ésta diada, porque se convierte en una búsqueda obsesiva de cubrir una necesidad, ya qué, aún si el otro sujeto le brinda su amor, el paciente llega a dudar de que éste sea real o sincero, por lo que intenta asegurarse de que éste exista, primero, a través del elogio y la cumplimentación y, posteriormente, a través del seguimiento y el acoso.
Esto es, digamos, la parte “regular” del acosador, sin embargo, hay los que transgreden los límites y llegan al punto de la violencia, ya sea contra el otro o contra sí mismos:
Recuerdo particularmente a un ex, quien, luego de haberlo mandado a volar 15 días después de empezar una relación con él, me llamó amenazando con cortarse las venas, yo, como buena escuincla preocupona de 16 años, salí corriendo a su casa como alma que lleva el diablo, claro que, al llegar, se había cortado las muñecas… como con una hoja de papel y había llenado la pared con las 3 gotitas de sangre que le salieron, claro, me fui echando pestes, ajos, sapos y culebras, me la volvió a hacer 2 veces y a la tercera le dije “¿Sabes qué? Si te quieres tirar del 5º o del 14avo o del 90 piso de un edificio me importa una pura y dos con sal, haz lo que se te venga en gana, ya si vives, si mueres o si te quedas zombie, me vale madres!!!” no me dejó de acosar, pero, al menos, dejó de creer que iría a su rescate cada vez que me chantajeaba con esto.
Los hay más extremos, como en esa película donde “Atracción Fatal” donde una amante, enfurecida con el desdén del otro, decide hervir el conejo-mascota de la hija de éste, y hay quienes hierven conejos, quienes envenenan perros, rayan coches o hasta agreden verbal y físicamente a la familia de la otra persona, todas unas joyitas, en éstos casos, lo único que queda es ampararse legalmente, ya que no son personas que estén muy dispuestas a entrar en tratamiento ni tienen la facilidad de entender que no los queremos, no entenderán con un rechazo y difícilmente dejarán de molestarnos sólo porque sí, hace falta protegerse y, ante éstas circunstancias no hay de otra.
Amor y obsesión… qué fácil es perderse en la delgada línea que los separa…
Ya para terminar, sólo quiero decir que bueno, los acosadores son una lata y una plaga, pero también detrás de todo acosador hay una razón básica y digna de ser atendida, una necesidad de todo animal, sea o no humano: Amor… no lo olviden, los dejo con mi frase favorita de Sigmund Freud: “La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como lo son unas pocas palabras bondadosas.”
Ténganlo en mente gente bonita.
Saludos, buenas noches y buena suerte.
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